Hoy decidí hacerme un regalo. Me lo merezco, al menos un día, de los 365 restantes del año. Comenzaré bien tempranito, justo al despertar, con una amnesia selectiva de siglos de dominación patriarcal y educación machista. Me olvidaré de mi vocación de servir y aprenderé a ser servida.
“Tía, traigo leche, helado, galletas…”, la propuesta sale irreverente de la boca del mozalbete apostado dentro del mercado. La “tía”, que paradójicamente no tiene sobrino, lo mira y sigue su paso por el establecimiento.
El lunes en la mañana me enteré de que los tornados no podían pronosticarse. Hasta ese momento, los más cercanos los veía en documentales y películas de las planicies estadounidenses. Sus espirales caóticas eran “cosa de otro país”.
Los comentarios cuestionadores sobre la integración del equipo Las Tunas para la Serie del Caribe no cesan, a pesar de los días transcurridos desde la oficialización de esa nómina.
El vocablo violencia enseguida nos trae a la mente piñazos, golpes o sangre, pero existe un tipo de agresión que puede ser tan dolorosa como la física, la verbal.