Las expectativas e ilusiones, que parecían ciertas, se dispararon en el mes de diciembre, con el histórico acuerdo entre el béisbol cubano y las Grandes Ligas. Sabíamos que la espada enemiga sería desenfundada, con peligro, al acecho, pero al paso de los días, aumentaba la creencia de que se impondría el sentido común, lo correcto.