El amor en los tiempos del zika

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Porque lo sufrí en carne propia, doy fe de que cosas muy pequeñas pueden separar historias de amor muy grandes. Por pesar tanto, el sentimiento no es capaz de impedir alejarse y aunque ambos sufran no queda otra alternativa, pues es más “saludable” para la relación. Tanto es así que lo que parecía no lograr ni la ruptura del cordón umbilical, fue pan comido para un simple, diminuto y flacucho mosquito.
 

Sencillo, por titularse de Aedes y por “sicótico”, “sicodélico”, “sicario” o cualquier cosa parecida a la raíz “zika”, tuvo la fuerza suficiente para apartarnos. Por ser tanta la repercusión del vector hoy, la industria del calzado debía haber previsto, en lugar de un felino, colocarle el insecto como logo a las populares chancletas "Zico" de los ´90. Tal vez siguieran en el mercado o mejor aún, sirvieran para aplastar algún que otro de estos enemigos que pululan el entorno y dejan oleadas de rash y escozor.

Después de 10 meses, porque a la madre natura se le fue la mano o la cuenta con nosotras, pudimos vernos las caras. Yo, queriéndola sin conocerla, ella, ansiosa a que le diera el pecho no solo a la realidad. Así iniciamos otra etapa, todo iba bien, nos entendíamos, disfrutábamos la compañía y nos alimentábamos, aunque para mí fuera espiritualmente, por supuesto; hasta que se interpuso el intruso burla mosquiteros.

No le importaron los solo 15 días de estar juntas, ni los cuidados, tal vez porque “la picadura que está pa´ uno...” En fin, tuvimos que alejarnos y con ello vinieron noches sin dormir, llenas de llanto; yo por tener que dejarla, ella, porque no entendía el cambio hacia un biberón o un teto.

Mi pequeña se hizo grande en esos días, enfrentó la gripe, los cambios de lugar, y hasta se volvió más independiente... por eso, aunque falta de tamaño, se comportó como una precoz mujercita. Claro, no es menos cierto que extenuó a la abuela, al padre y preocupó a familia y media.

La frase más escuchada esa semana: “esto llegó para quedarse...” seguida de: “mira que fumigan, pero es por gusto...” Pese a los esfuerzos del Ministerio de Salud Pública por erradicar la epidemia, no ha sido posible. Entonces faltan los números, la cifra de muertos y perjudicados para que la gente no tome como hospital la casa y entienda que el dengue mata. Solo así seremos consecuentes con la verdad y la vida.

Durante mi ingreso vi madres tener que interrumpir su embarazo o sufrir por una muerte fetal, otras padecer la incertidumbre por no saber si su bebé había sido afectado o qué secuelas le dejaría a largo plazo. Las interrogantes afloraban: ¿se pega por la lactancia?, ¿además del sexo se transmite por otra vía extra al mosquito?, ¿cuánto tiempo después de pasar el virus la persona puede propagarlo mediante una picadura...? Las preguntas no solo se engendraban en pacientes y familiares, para la Medicina seguía siendo caso de estudio.

Ante la cercanía del reencuentro no hacía más que añorar su cara. Tras siete días volvía a estar con mi niña, quien ya sabe de mosquitos y hasta ronchitas. Después de esa experiencia y como en toda historia de amor, ambas mantenemos cuidados y esperanza para que en tiempos del zika, ningún mosquito nos confine a la separación.

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