Defensa a ultranza de la Revolución

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La situación dramática que vive América Latina, las trumponadas y el caos internacional roban los titulares actualmente y, en medio de tal desbarajuste, Cuba defiende su proyecto humanista a fuerza de razones.
Sigue siendo la unidad una estrategia revolucionaria de salvaguarda de la nación.
A través del estudio de la historia nacional aprendemos cuanta repercusión negativa aporta la desunión en las guerras de independencia, empezando por la de 1868: “La Revolución del 30 se fue a bolina” como califica Raúl Roa.

El antagonismo entre el Ejército Libertador y la Asamblea del Cerro facilita la primera intervención norteamericana, desde 1898 hasta 1902, para impedir la fundación de una República emancipada.

Aplican la Enmienda Platt, la cual posibilita a Washington intervenir militarmente en Cuba y a adquirir territorios para bases navales y carboneras.

Para corregir, uno de los mayores errores de la Guerra Grande, José Martí insiste en la necesidad de unirnos en la nueva contienda y, también, habla de tal requisito a nivel continental, cuando el imperialismo yanqui comienza su ola expansionista.

Juntar las fuerzas constituye, para el Maestro, unir a los cubanos para el fin común de libertar a Cuba, entonces, combate a quienes, confundidos por otras tendencias, desmovilizaban o creaban obstáculos para el combate, porque cada vez que nos ronden el haz recogemos la derrota.

Unidad lleva intrínseca una enseñanza probada y abarcadora, utilizada, muchas veces, a lo largo de nuestra historia patria, pero su interpretación es más exacta dentro de su contexto. Los llamados para unirnos y salvar a la Revolución, divorciados de las circunstancias actuales, minimizan el concepto peligrosamente.

Juntarnos para la salvaguarda de la obra, hoy, es compartir ideas, objetivos y tomas de decisiones entre todos para perfeccionarnos, con deseos y esperanzas comunes; es cerrarles el camino a los sueños imperiales de destruirnos y, luchar contra los vende patrias, postanexionistas, quienes con falsos enfoques de democracia, derechos humanos y libertades, ofrecen su país por un puñado de dinero y promesas de poder.

Nosotros sabemos todas las tácticas yanquis para derrotarnos, como la división y la fabricación de pretextos, para atacarnos. Recordemos que la explosión del Maine fue para intervenir en la guerra hispano- cubana y, ahora, los ataques sónicos a miembros de la embajada norteamericana y sus familiares, en La Habana, es para interferir en las relaciones de Estados Unidos con nuestro país, aupadas por Obama.

Tenemos claro que la máxima paradoja de la Revolución Cubana es que quienes no la querían crearon las realidades objetivas para su triunfo, porque esa victoria no resulta un hecho accidental, hijo de milagros políticos y estrategias militares muy bien pensadas, sino, ante todo, una respuesta, con sentido de necesidad y causas
justificadas.

Si la realidad de Cuba hubiera sido otra, la Revolución no hubiera tenido el carácter imperativo con que nace, pero la convicción de una transformación radical, en todas las esferas de la sociedad, comienza acentuándose hasta los límites de no admitir más demoras, ni argumento para el cambio.

Entonces el concepto de Revolución se circunscribe a problemas puntuales del momento, para resolver: analfabetismo generalizado, incultura, insalubridad, atención médica, prostitución, miseria, grandes injusticias contra el pueblo, abusos, atropellos, con la inmensa misión de restaurar un país con sus arcas vacías, porque
gobernadores corruptos las robaron.

A solo 15 días del primero de enero de 1959, Fidel defiende el concepto: “La Revolución no es una cosa loca, la Revolución es algo que tiene una ruta trazada, una serie de principios a los cuales se ajusta y, además, una serie de principios fundamentales que son necesarios dejar bien sentados para que la Revolución se pueda desarrollar pacífica y ordenadamente”.

La última concepción de Revolución, dada por Fidel en el 2000, no difiere de la primigenia. El mensaje es el fruto enriquecido, porque cuando se conserve la esencia, las exigencias son otras, nada parecidas a las fundacionales y reafirma la idea que tal acontecimiento se nutre con la práctica y participación de todos en el empeño de hacer Revolución todos los días.

La convivencia en el país de varias generaciones de cubanos, con el privilegio único en el mundo de vivir con la conducción de los protagonistas del Triunfo, fortalece un primer reto para el presente y el futuro: la defensa a ultranza de lo conquistado.

Los culpables de Playa Girón añadieron otros macabros inventos para asfixiarnos, como la Ley Torricely, la Helm-Burton, la prolongación del Bloqueo o más acciones terroristas, pero la invencibilidad de la obra está, precisamente, en la comprensión alcanzada por el pueblo de cuanto significa para Cuba su Revolución y el precio que pagaríamos por no tenerla.
Rodobaldo Martínez Pérez
Author: Rodobaldo Martínez Pérez
Máster en Comunicación Social, autor del blog Holguín Ahora.
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