El atragantamiento puede evitarse
- Por Lourdes Pichs Rodríguez
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Era un gigante: un hombre que medía 2,9 metros. Su cota de malla, importante pieza de la armadura, hecha de cobre, pesaba 57 kg (125,7 libras) y la hoja de hierro de su lanza, 6,8 kg (15 libras). Dicen los documentos que su voz estremeció el campo de batalla durante cuarenta días, desafiando a que algún hombre se atreviera a enfrentarlo. El resultado sería que el paladín vencedor decidiría qué ejército sería esclavo del otro. El silencio era enorme entre los combatientes, intimidados por la enorme figura del soldado enemigo.
Hay soles que se niegan al ocaso porque iluminaron una verdad tan honda que el tiempo no alcanza a apagarla. 131 años después, la hierba del potrero oriental guarda en sus raíces la sangre de un hombre que no amaba la guerra, pero que un día montó su caballo y fue a buscarla porque entendió, con la lucidez de los profetas, que hay paces que son mentira y guerras que son sagradas.