¿Para siempre?

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Anciana1Foto: Internet

¿Esto será para siempre? - dijo ella al levantarse de la cama y caminar hacia la cocina como todos los días. Mientras tanto, yo, sentada en un asiento, la observo dar pequeños pasos, uno más difícil que el otro. Miro como duele todo su cuerpo, como las canas la visten por completo y como el simple hecho de moverse se convierte en un deporte de riesgo.

Recuerdo cuando ella era más joven y se encargaba de todo en la casa, de cómo nos regañaba a mí y a mi hermana; de esperarnos con dulces tras un largo día de escuela, de darnos ese dinerito escondido para la merienda o de gritarnos dos o tres cosas cuando le "contestábamos". Luego, hago una pausa y pienso: ¿De qué manera le digo que sí, que eso de lo que se queja, sí será para siempre?

Estamos acostumbrados (al menos los de mi edad, que es bastante corta) a pensar la vejez desde afuera, a reducirla en cabellos blancos, malcriadeces y manías, sin embargo, si nos ponemos a observarla detalladamente día tras día, podremos darnos cuenta que es muy difícil aceptarla, pues impacta a nivel físico y psicológico.

La llegada de la vejez es un proceso que, aunque inevitable, se vive de maneras muy diversas. Para muchos, es un momento de reflexión y autoconocimiento, donde se evalúan las decisiones tomadas a lo largo de la vida. Este periodo puede evocar una mezcla de emociones: desde la nostalgia por los años pasados hasta la satisfacción por los logros alcanzados. Sin embargo, también puede surgir el temor a lo desconocido, a los cambios físicos y mentales que acompañan a esta etapa. La sociedad tiende a glorificar la juventud, lo que puede generar una sensación de pérdida en quienes atraviesan esta transición.

En el ámbito físico, la vejez trae consigo una serie de cambios que pueden ser difíciles de aceptar, los cuales no solo afectan la salud, sino también la autoestima y la percepción que uno tiene de sí mismo.

Emocionalmente, puede ser un viaje solitario para muchos. A medida que los amigos y seres queridos van desapareciendo, el sentido de comunidad puede verse amenazado. La soledad y el aislamiento son problemas comunes entre los ancianos, lo que subraya la importancia de mantener conexiones sociales significativas.

El paso de los años es inevitable, pero se sobrelleva. Usualmente el ser humano acepta de mejor manera los procesos lentos, esos en los que se arruga la piel, cuesta un poquito más subir las piernas o incluso cuando comer "porquerías" ya pasa factura al estómago. Pero cuando todo eso se anticipa y se siente el paso de 10 años en menos de 4 meses, el golpe es más fuerte.

En Cuba vivimos, recientemente, una epidemia y las de la tercera edad fueron las más afectadas, pues el cuerpo ya no es el mismo, casi no se recupera.

Esa enfermedad que nos dio a todos durante los últimos meses del año, quedó para siempre en mi casa. El recuerdo de aquellos días, mejor ni mencionarlo. Fueron momentos de pedir a todos los santos un milagro, de reposar la cabeza en la almohada y esperar que al amanecer la vida no fuera tan injusta. Menos mal no lo fue o eso quiero pensar.

Aquel mes de octubre la dejó caminando a duras penas, mirando como su pelo se va con el peine y como mencioné al principio, preguntando si sus dolores serían para siempre. Yo prefiero decirle que no, que un día va a estar perfecta y podrá moverse todo lo que quiera, que esas cosas se le van a quitar en un par de semanas, que tenga paciencia. Así yo creo y ella también.


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