Saneamiento de valores

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Entre los aspectos requeridos para hablar de progreso está el saneamiento de la sociedad.

En tal sentido, lo definen la calidad de las personas que la conforman. Ya lo dijo Martí: "No hay más que dos clases entre los hombres: la de los buenos y la de los malos”, entonces, luchemos por los primeros, para poder cumplir otros planes, porque es imposible hablar de sensibilidad o solidaridad en medio de los “programados” y los egoístas.

El país necesita el rescate de valores, como parte del mejoramiento humano, en lo cual la familia es decisiva desde la misma cuna. La entrega defectuosa de hijos al conglomerado social es una dañina manera para los ciudadanos del futuro.

Estamos diseñando una realidad negativa por esa permisibilidad en los hogares: irrespeto, individualismo, vagancia, falta de honradez, honestidad, carencia de compromiso, irresponsabilidad o corrupción.

No omitamos el papel fundamental de las escuelas en la instrucción, pero a la familia le corresponde la misión primera en materia de educación formal y, en los planteles, en sus distintos niveles, con sapiencias, son importantísimos para reforzar valores, enriquecer la moral y la ética.

Ya sé que no es fácil para los progenitores educar a sus frutos en medio de las fuertes influencias de los amigos o compañeros de aulas, más las nuevas tecnologías, pero mantenernos en la inercia es lo peor para esos descendientes, porque se trata de una labor formadora al libre albedrío, desde una nociva espontánea.

Los chicos no deben pensar que la modernidad es hablarles mal a los mayores, maltratar a los ancianos, no cuidar, exigir a sus ascendientes, sacrificarlos y tener un nivel de vida alto. No dejarse confundir con los “cantos de sirenas” de otros lugares son signos de madurez y tener los pies en la tierra es esencial para la correcta conducción de la joven familia.

En esta fábula se muestra lo negativo del engaño: Un hombre quedó viudo y tuvo que quedarse al cuidado de sus dos hijas pequeñas. Las niñas eran muy inteligentes y curiosas, vivían haciéndoles preguntas al papá. Pero llegó un día en el que el padre se vio incapaz de hacerlo y decidió enviarlas con el hombre más sabio del lugar.

– ¿Por qué no buscamos una interrogante que el sabio no sea capaz de responder?, dijeron ellas, por ejemplo, ¿Qué crees que tengo en la mano: una mariposa viva o muerta? Si él responde que está viva, apretaré la mano sin que se de cuenta y la mataré… Y no habrá acertado. Si responde que está muerta, la dejaré libre, y el sabio tampoco habrá acertado…

Entonces, le cuestionaron al anciano: ¿Qué crees que tengo en la mano: una mariposa viva o muerta?ç

Él se quedó mirándola a los ojos y respondió muy sereno: – Todo depende de ti. Está en tus manos.
 
 Hilda Pupo Salazar
Author: Hilda Pupo Salazar
Periodista especializada en temas de educación y valores. Autora de las columnas Página 8 y Trincheras de ideas.
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