FELIZ 2019

  • Hits: 1744
Diciembre es un mes festivo pero también de añoranzas. Durante su transcurso es casi imposible no mirar atrás y recordar, sacar cuentas sobre cuánto hicimos durante todo el año, qué dejamos pendiente y cuantas cosas pudieron hacerse mejor.

La llegada de su día inicial es como la voz de arrancada tras los preparativos para esperar el nuevo año. Se cuentan los ahorros para decidirse entre comprar el cerdo para asar o el pavo, que también se ha incorporado como plato fuerte para la cena del día notable.

Durante el último mes del año se realiza la limpieza del año, la gente se olvida que se debe ahorrar la preciada y hasta el santo o la santa de encima del escaparate cogen agua y no precisamente bendita.

Se desengavetan cortinas, manteles y sobrecamas nuevos o reservados para ocasiones especiales; las paredes de casa reciben su pasadita de manos y no puede faltar el “trapo” de estreno.

El proyecto familiar de despedir el viejo calendario y recibir al nuevo juntos se concreta, muchos ausentes retornan al punto de origen o al núcleo familiar, unos físicamente, otros, a través de algo que acompaña siempre al que se va: la nostalgia.

A medidas que se aproxima el 31 el ajetreo es mayor, incluso en los centros laborales donde también se “bota el presupuesto por la ventana” para celebrar junto a esa otra familia que también es importante.

Llegado el día cero los barrios se envuelven en olores a fiestas criollas. En los rincones menos imaginados sorprenden hornos de carbón o improvisados fogones con leña donde se doran ejemplares del bautizado como mamífero nacional.

Los más resistentes comienzan a brindar temprano porque en casi ningún refrigerador falta la Mayabe, la Bucanero o la Cristal, tampoco el vino de fabricación industrial o casera, ni la botellita de Santiago, Bariay…

Muchos optan por las cenas que se ofertan en los centros de la gastronomía, otros prefieren celebrar con la familia del barrio y aquí cobra protagonismo la sabrosa caldosa; la circunstancia no es lo que importa, lo significativo es festejar en unidad y armonía.

Cuando los relojes tintinean las 12 campanadas el momento se vuelve mágico; radiorreceptores o televisores mediante nos llega el mensaje de felicitación, de unidad, de paz, de prosperidad que tradicionalmente nos envía la dirección del país. Se fomentan las felicitaciones y las peticiones de salud para familiares, amigos, vecinos, para cualquier persona que se encuentre cerca.

El puerco (cerdo) cruje en la púa como señal de que está listo, todos a la mesa. La emoción llaga a su clímax. También se llora de felicidad porque seguimos vivos, porque vencimos otro de nuestros años duros, porque vivimos rodeados de carencias pero en un país rico en espiritualidades, lo cual nos hace un pueblo virtuoso.

Se lanzan cubos con agua a la calle para que el viejo se vaya con lo malo, se dan vueltas en torno a árboles prodigiosos para que el nuevo nos traiga cosas buenas; se brinda con sidra, champán o lo que se tenga a manos; se ríe, se salta, se canta, se baila… el abrazo es sincero.

Se pide para que esta Cuba hermosa siga unida, pacífica y segura, para que nuestros niños y jóvenes continúen andando libremente por las calles sin que una bala asesina les trunque el futuro, para que el 2019 nos resulte grandemente feliz.

Escribir un comentario

Comentarios  

# cervecero 28-12-2018 16:48
Periodista, "...en casi ningún refrigerador falta la Mayabe, la Bucanero o la Cristal..."¿eso es en los de Holguin, o en los de toda Cuba? Digamos que hoy no faltan la Bavaria, la Heineken, la Claro, Sol, Holandia, pero ¿las nacionales? Seria objetivo saber que pasó con eso, digo, si no hay temor a indagar objetivamente...
Responder