
Fotos: Lisandra Cardoso

Cuando era niño, en el copelita vecino a mi casa, uno compraba libros, como extensión de ventas de la librería de Gibara. Los libros olían a polvo de frozzen, a barquillo dulce, a cigarros populares. Yo me empinaba junto al mostrador y le pedía a Inés o a Miriam, las dependientas, un rizado de chocolate, El corsario negro o cualquier otro título de la colección Aventuras, de la editorial Gente Nueva.
Read more Un soplo de esperanzaPágina 527 de 1562