Cultura del detalle

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cultura del detalle
 
La aspiración de la cultura del detalle, en todo cuanto hagamos, significa el deseo de materializar las cosas bien hechas en los empeños que nos propongamos, porque ese anhelo equivale a calidad de vida.

Por tanto, hablamos de un conjunto de propiedades inherentes a un objeto que le confieren capacidad para satisfacer necesidades implícitas o explícitas. La calidad de un producto o servicio es la percepción que el cliente tiene del mismo.

También, es una fijación mental del consumidor que asume conformidad con dicho producto o servicio y la capacidad de este para satisfacer sus necesidades.

Toda la voluntad política de darnos instalaciones o servicios, para el disfrute se pueden desvanecer con esas entregas defectuosas, hijas del pobre cuidado y mucha dejadez.

El loable propósito de quehaceres buenos representa satisfacción para quienes lo reciben, gastos justificados de los recursos y tiempo útil.

No resultan muy entendibles las filtraciones a pocos dias de la inauguración de una obra, ventanas sin cerraduras con olor a nuevo o atenciones exquisitas al principio y despues maltratos.

Tenemos que eliminar el pernicioso dicho de que escobita nueva barre bien para calificar los tiempos primeros de una construcción y en eso los colectivos laborables les corresponde hacer mucho.

Luchar porque no decaigan los esfuerzos y trabajos en un lugar es defender el grado de pertenencia a ese sitio, mostrado por el orgullo de oir solo halagos de tal centro, ya sea por la conservación material y las prestaciones.

La máxima dirección del país aboga por el mayor nivel cualitativo en las acciones, porque eso simboliza crear belleza con lo que ponen en nuestras manos y utilizar eficientemente los materiales.

Les traigo un relato que subraya la importancia de obrar, siempre, con calidad. Había una vez un señor dedicado al negocio de construir viviendas. Un día le encomienda a su único hijo liderar el levantamiento de una de esas casas.

El muchacho decide utilizar solo la mitad de los recursos, para embolsillarse el dinero del resto, invierte la mitad del tiempo establecido y al final obtiene ganancia con lo robado, pero lo hecho es un verdadero churro, sin terminación alguna.

El padre le dice: Por la confianza en tu trabajo y todo el amor que te tengo, te regalo la casa, construida por ti y a tu gusto.

El empresario estadounidense Phil Crosby dijo: "La calidad no cuesta. No es un regalo, pero es gratuita. Lo que cuesta dinero son las cosas que no tienen calidad, todas las acciones que resultan de no hacer bien las cosas a la primera vez".
 
 Hilda Pupo Salazar
Author: Hilda Pupo Salazar
Periodista especializada en temas de educación y valores. Autora de las columnas Página 8 y Trincheras de ideas.
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