Aquella mañana se levantó con el pie izquierdo. Y salió de la casa de la misma manera. En fin, que el zapato derecho no le ajustaba de ninguna forma, y aun así decidió darse el gustazo.
Hay maestros que te marcan de por vida, por una razón u otra, por su rectitud o por su inteligencia, por su pasión o por su cercanía con los alumnos, por su fuerza y su exacta caligrafía en la pizarra. Hay maestros que te retan.
Para la educación de las nuevas generaciones encuentro, muy acertado, que el preuniversitario Luz Palomares, en el municipio de Holguín, orientara hacer, a sus alumnos de décimo grado, un árbol genealógico de su descendencia inmediata, en la asignatura de inglés.
Rosa Brooks fue de esas maestras que marcan a sus alumnos para toda la vida. Todo un legado de rectitud, consagración, buenas prácticas docentes y cívicas, conocedora de sus alumnos y del entorno que lo rodeaba para mantenerlos a salvo de cualquier arbitrariedad y corregir a tiempo cualquier desvío.
Cuando recapitulo sobre mi vida, nunca faltan en mis pensamientos el recuerdo de muchas maestras, maestros y profesores que sembraron algo en mí, especialmente en las enseñanzas primaria y secundaria. Aunque hayan sido gotas de saber o de modestas lecciones, que me ayudaron a entender mejor el mundo y transitar en mi existencia.