Partir del punto exacto

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“No toleramos una Educación que no sea de calidad”, refirió hace unos años el entonces ministro de la Educación Superior en Cuba Rodolfo Alarcón, durante una de las sesiones de trabajo del Parlamento cubano. En ese empeño se trata de elevar la fortaleza del sistema educativo, con un prestigio de referencia en América Latina y comparable con el de muchas otras latitudes.
 
Varios estudios internacionales realizados por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación y patrocinado por la Unesco dan fe de ello. Me lo reafirmó además, una madre compañera de la etapa de círculo infantil de mi hija. Ante la disyuntiva de residir de manera permanente en otro país del sur de América, decidió hacer cortas estancias para no llevar consigo a sus hijos y permitirles su educación e instrucción en Cuba.
 
Es cierto que nuestro sistema educativo es una joya, no solo por el acceso gratuito en todas sus etapas y la igualdad de oportunidades, sino su concepción y los métodos que utiliza, respetados y admirados en varias naciones. Tanto que muchos han trascendido fronteras para cultivarse en esta parte de la geografía tropical.
 
Constantemente se estudian, implementan y revisan nuevas maneras de llevar a las aulas la educación e instrucción que nuestros hijos y sociedad necesitan acorde a las exigencias de la contemporaneidad.
 
La formación del Hombre nuevo, con muchos más retos en los tiempos que corren, demanda superioridad en todos los sentidos. En ese camino se han pronunciado los ministerios de Educación y Educación Superior en este país. Las nuevas transformaciones apuntan a ese salto mayor en la mejora continua. Hay claridad en el trayecto a seguir y se rediseñan políticas a corto, mediano y largo plazo. Sin embargo, persisten lunares en la senda de la calidad.
 
Desde hace algunos años se batalla fuertemente por mejorar en este sentido, debido a que algunos indicadores no muestran los resultados esperados o al menos, no a la altura de etapas anteriores. En este caso está el aprendizaje de los estudiantes, un aspecto que en los últimos tiempos ocupa la atención.
 
Cabe preguntarse ¿por qué existe retroceso si cada vez se amplían más las oportunidades para acceder a la información y al conocimiento? ¿Qué factores inciden dolorosamente en la calidad de la educación si el sistema está diseñado para avanzar?
 
Coexisten dificultades que silenciosamente lastran y menoscaban. El deterioro de algunas instituciones y la carencia de recursos o solvencia económica son herencias que se arrastran desde el período especial, aunque gradualmente encuentran solución. La falta de compromiso de muchos profesionales del sector, familias desinteresadas y alumnos morosos y desmotivados son otros factores que inciden negativamente. ¿Cómo lograr entonces esa calidad rotunda, o por lo menos más sólida?
 
No es tan fácil la respuesta. Lo sabemos. Confluyen muchos criterios, pero hay que partir del punto exacto y que resulta medular en el sistema. Me refiero a dos importantes figuras sobre las que recae el mayor peso: Maestro y familia. Lograr un vínculo armonioso entre ambos tendrá repercusión positiva incluso en la universidad.
 
No en vano en cada visita al territorio Ena Elsa Velázquez Cobiella, titular de Educación, enfatiza en el tema de la formación de maestros, su preparación y el vínculo con la familia.
 
Precisamente, una de las debilidades del sistema hoy recae en la cobertura docente. A pesar de las diferentes vías creadas para la formación de maestros (escuelas pedagógicas, curso básico, simplificación de carreras pedagógicas en la universidad) no se cuenta con la fuerza docente calificada necesaria. Se suma además el éxodo de profesionales, que por años sufre el sector. La migración a otros puestos mejor remunerados y con mayores condiciones ha sido una constante que todavía no encuentra frenos.
 
En este sentido pienso que el sindicato de la Educación, la Ciencia y el Deporte que agrupa a los trabajadores del ramo debiera pronunciarse por mejor atención a los maestros principalmente. Existen muchas maneras de estimular y motivar a los docentes por sus resultados y de irradiar hacia el exterior esa armonía y preocupación.
 
Redimensionar estrategias para garantizar el ingreso a la totalidad de carreras pedagógicas ofertadas en el plan de plazas de cada curso escolar y un reto mayor, lograr la retención en el ciclo, son tareas aun pendientes en la formación del relevo para las aulas.
 
Suplir la necesidad de docentes con alternativas garantiza la presencia de maestro pero no siempre la calidad exigida. Por eso el aprendizaje se ve afectado, si no se imparten clases con calidad no se obtienen buenos resultados. Por otra parte la familia puede colaborar a la solución de estos problemas si dejara de desalentar a sus hijos cuando se inclinan por carreras de corte pedagógico. Cultivar a los que de verdad tienen la vocación será otro éxito en este camino.
 
La Educación cubana tiene que seguir poniendo su empeño en avanzar. De la calidad de sus procesos depende el futuro de la sociedad y la conservación de un prestigio ganado por años, a fuerza de dedicación y mucho trabajo, desde la ingeniosa idea de liberar al país de la ignorancia con la Campaña de Alfabetización.
Yanela Ruiz González
Author: Yanela Ruiz González
Lic. en Estudios Socioculturales, periodista de la Casa editora ¡Ahora! Especializada en temas de Educación y Educación Superior Fan de las redes sociales
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