…lo que puedes hacer hoy

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Llevo años queriendo escribir sobre el tema pero me da pereza, vaya, que no aparece una idea de esas en las que una se monta y va así de una línea a otra, una idea fluida y dócil, que se deje asir. Entonces lo dejo para después, lo cierto es que por largo tiempo la página medio en blanco me tortura, pero siempre hay algo más apremiante por hacer, o no.
Y así voy de año en año diciéndome que la semana próxima lo escribiré, total que solo me falta buscar un poco de información, documentarme al respecto. De hecho el párrafo anterior es de 2014. Pero esta vez no me dejaré vencer y ordenaré mis prioridades, aunque antes me tomaré un café, miraré si llegó algún correo, calentaré la leche a los niños, haré un poco de zapping, buscando inspiración, claro.

Me han descubierto, otra vez postergo el texto a medio hacer, y la verdad es que ahora tiene fecha de entrega. Lo sé desde hace un mes pero solo cuando falta un día para que se venza el plazo me obligo a poner manos al teclado.

Prorrogar una labor hasta el infinito no es algo que solo me ocurre a mí, es muy frecuente y se llama procastinación. Se define como la costumbre o hábito de posponer una tarea importante o sustituirla por algo intrascendente o más placentero y luego sufrir angustia, pues a medida que se vuelve más obligatorio el cumplimiento de la obra, se va tornando abrumadora esta certeza y su consecución.

No pocas veces esto genera ansiedad y se asocia a una dificultad del individuo para autorregularse y organizar su tiempo. Aunque algunos investigadores aluden que no se trata de vulgar pereza o indolencia sino que puede tener causas más complejas como la ansiedad, baja autoestima, el perfeccionismo o la depresión.

Cualquiera de estos factores puede inmovilizarnos, hacernos improductivos, y lo peor es que se torna un círculo vicioso pues a consecuencia del trabajo por realizar y continuamente postergado, la persona se sume en sentimientos de culpa, estrés, lógicamente su productividad merma o se anula y por ende su credibilidad ante sus iguales se destruye.

Los procastinadores son enjuiciados y estigmatizados, pues quién confiaría un trabajo urgente a alguien que nunca cumple un plazo y da largas a cada encargo que se le encomienda.

Para colmo todo esto no hace más que reforzar la procastinación y ahí está la serpiente mordiendo su cola. No dudemos que muchas de las cosas que a diario encontramos sin hacer son un resultado de este fenómeno.

No, no estoy justificando las “vaselinas” de nadie ante una obra pendiente, ni diciendo que aquel bache por rellenar, la respuesta de una institución que te dejó colgada de la brocha y sin escalera, el recurso que no llegó, o la falta del remedio a todos tus males, sean directamente un resultado de la mala pata de un procastinador. No hay que exagerar, esas cuestiones tienen raíces más profundas.

Hablo de un fenómeno ya descrito por la psicología y que además es reversible. No ocurre solo en lo profesional, también en las tareas domésticas o en las que tienen que ver con nuestro propio cuidado y apariencia, la salud, incluso. También en lo afectivo y esto se asocia a la inteligencia emocional. Muchas veces evitamos afrontar un conflicto , enfrentar a una persona, hablar de un tema urgente pero incómodo, ser los padres que quisimos para nuestros hijos, total, mañana podremos hacerlo mejor.

Si quieres por fin hacer hoy lo que está pendiente en tu vida, no te dejes arrastrar por la intensa corriente de la procastinación que tanto puede subyugarnos. Una sugerencia es acortar las metas, hacerlas más cumplibles, convertirlas en objetivos más cercanos y concretos, o sea, pasitos de bebés.

Para escribir por fin la tesis de maestría, no pretendas hacerlo en una jornada, ponte plazos realizables como una cuartilla por día. O un hilada de ladrillo si es de tu cuartico de lo que hablamos.

Evita las distracciones. Si te detiene el no saber hacer la actividad pendiente, pide ayuda. Si te disgusta, trata de intercambiarla con alguien, y si no te queda más remedio resuélvelo en el momento, nada hace más difícil la concreción de un trabajo que los días acumulados sin llevarlo a cabo.

Cuando esto sucede, el caos parece adueñarse de tu vida. “Lo haré mañana” se vuelve tu slogan. No digo que sea sencillo, tal vez racionalizar sea el primer paso para poner orden y hacer lo que toca en su justo momento. Dímelo a mí, que parece he logrado llegar al final de las sesenta líneas de algo que “empecé a empezar” hace cuatro años.
Liset Prego Díaz.
Author: Liset Prego Díaz.
Yo vivo de preguntar… porque saber no puede ser lujo. Esta periodista muestra la cotidiana realidad, como la percibe o la siente, trastocada quizá por un vicio de graficar las vivencias como vistas con unos particulares lentes
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Comentarios  

# Ventura Carballido Pupo 05-03-2018 05:39
Me parece bueno. Es muy honesta la autora. la felicito
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