Historias de horror

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abandono niños
 
Y creció sin los abrazos de su padre, sin su guía, sin el acompañamiento a la escuela, sin el regaño oportuno. Como a su madre, la abandonó también a ella y su nueva pareja no le permitió acercarse más a la pequeña de apenas siete años de edad.
 
Aunque a la inversa, M padeció una situación similar. Luego de divorciada, la madre contrajo matrimonio nuevamente y su cónyuge no aceptó la convivencia con la niña que enviaron, como bulto postal, para casa del padre. M no tuvo a su mamá cerca para que la acurrucara durante sus noches con pesadillas, ni esos mimos salvadores durante sus dolencias de amigdalitis, ni para orientarla ante la primera menstruación.

Similares historias de horror no son sólo tema de telenovelas de ficción, tampoco son tan aisladas como presumía; al menos es la impresión que tengo luego de escuchar varias anécdotas sobre hijos e hijas abandonados por uno de los progenitores, o por los dos, y que son amparados por otros familiares, abuelas y abuelos casi siempre.

Escuchar aquellas historias me hicieron repasar mi condición de madre, y sí, pertenezco al bando de la inmensa mayoría que protege celosamente a su cría, tenga la edad que tenga; de las que desean tenerlo siempre al alcance de sus miradas y de sus manos, de quienes tienen todo el valor del mundo para defenderlo ante la menor adversidad, de las que sufren ante el menor fracasoo la más insignificante calentura.

Por eso me cuesta dar crédito a semejantes actitudes y pienso que, como dice el refrán, Dios le da barbas a quien no tiene barbilla (a veces), por las parejas sometidas a tratamientos contra la infertilidad, y aquellas que no les queda otro camino que la adopción para tener su retoño.

Reflexiono sobre leyes penales y civiles destinadas a la protección de la niñez, para sancionar todo cuanto afecte el normal desarrollo del menor, pero creo firmemente que en materia de amor filial la única ley que debería contar es la del amor, y esta no se prescribe, aflora de manera natural.

Siempre escuché decir que quien quiere a la vaca debe cargar con el ternero, y a la gallina con sus pollitos y recapacito sobre las fieras en que se convierten aquellas cuando alguien pretende acercarse a sus crías.

Monstruos, no puede haber otra calificación para quienes impongan a sus parejas actitudes similares, y carentes de valor y espíritu quienes las acepten. El amor hacia los hijos e hijas es único, verdadero, incondicional; también imperecedero porque ni la muerte lo acaba.

Y y M son ahora dos mujeres dolidas por una herida que no cura. ¿Sanará algún día? La primera continúa viendo al padre de lejos, sin que este le dedique siquiera un gesto de afecto. La mujer del padre continúa vigilante para que esa unión nunca se materialice. Él la mira con ojos tristes y dicen que los ojos son el reflejo del alma.

Por azares de la vida M vive hoy junto a la madre viuda que se muestra amantísima, tolerante. Pero a M el rencor la asalta con frecuencia, le retuerce el alma y esto enrarece la convivencia con la madre abrumada por el arrepentimiento.



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