Indolencias

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indolencia comentarioFoto: youtube
 
Un certificado incompleto, es decir, no especificar el tipo de enfermedad, fue el culpable que este paciente no recibiera todos los bienes que, por norma, les corresponde según su enfermedad.
 
Un simple error humano malogra, en este caso, la obra hermosa de tener al hombre como centro de la sociedad, pensar en sus problemas y repartir lo poco que tenemos. Por esa dificultad en la redacción, el agradecimiento lógico a un sistema generoso, como el nuestro, termina en insatisfacción.

Con esto queremos hacer un llamado al trabajo bien hecho, para que los descuidos no generen más disgusto y al final, algo tan justo y solidario, se ensombrezca y critique.

Aquí cabe la historia de un título académico, cuyo nombre y apellidos los escribieron con falta de ortografía y para hacer útil aquel
documento oficial necesitan otros trámites, en los cuales “dónde dije digo es diego”.

Las verdaderas víctimas, de tales indolencias, son los beneficiarios, quienes sufren las consecuencias de las dejadeces de otros y, aunque reclamen, ya el mal está hecho. Quienes cometen esas negligencias deben sentir el peso de su desidia y pagarlo por donde más le duela, el bolsillo.

Hoy son bastantes las causas de los descontentos en medio del empeño de las autoridades partidistas y gubernamentales para brindar atenciones a la población y eso descompagina, porque por un lado es elevado el interés para dedicarle beneficios a la población y, por otro, negamos con una conducta apática esos gestos nobles que nos caracterizan hace 60 años.

Nunca defenderemos las apatías y las indolencias ensombrecedoras de lo bello conquistado en 1959. El socialismo en Cuba no es sinónimo de esos abandonos, sino de justicia social, amor al prójimo, proteger a las grandes mayorías y humanidad en las acciones.

En estos días varios reportajes, en la televisión cubana, sobre los puestos de venta de materiales de la construcción, programa concebido para los más necesitados y que, gracias al descontrol, algunos de ellos ingresan en las actividades ilícitas, donde lucran a expensa de otros.

Así sucede con muchas acciones, concebidas para satisfacer a quienes lo requieren y, lamentablemente, son trastocadas en actos contrarios para los que nacieron.
 
 Hilda Pupo Salazar
Author: Hilda Pupo Salazar
Periodista especializada en temas de educación y valores. Autora de las columnas Página 8 y Trincheras de ideas.
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Comentarios  

# Holguinero que opina 14-09-2018 21:01
La indolencia es fatal cuando se combina con dos primas hermanas: la impunidad y la transigencia. Esta triada en nuestra sociedad hacen un daño tremendo, al causar malestar social más allá de las limitaciones impuestas por factores tan objetivos como el Bloqueo yanqui.
Y es que hay indolencia en todos los estratos de la sociedad. No escapan ni los de mayor preparación y muchos títulos ni los que alcanzaron un nivel escolar mínimo.
En el caso del certificado médico mal elaborado, se puede sumar tranquilamente un funcionario indolente en la recepción del centro de salud (donde se registra) que no alerta al paciente de tal error que lo hace inservible. Un funcionario de OFICODA al que le duele poco el problema de la persona frente a él, sea una anciana con diabetes que requiere la dieta para mejorar su alimentación, un menor de bajo peso o el paciente de una enfermedad crónica que afecta su calidad de vida.
La lista de indolentes con los que se puede chocar a partir de un error en un certificado médico es grande, como grande son los obstáculos que interponen entre la solución y la persona afectada.
La solución puede ser como la caricatura que acompaña el comentario. Solo cuando sintamos en la piel el dolor ajeno, al indolencia habrá perdido su hábitat en nuestra sociedad.
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