El hijo del padre de todos los cubanos

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La mañana del 29 de mayo de 1870, Amado Oscar, segundo hijo del primer matrimonio de Carlos Manuel de Céspedes del Castillo, fue ejecutado en la Plaza Mayor de Puerto Príncipe. Puedo imaginar el desconsuelo del Presidente de la República de Cuba en Armas, cuando se vio ante el dilema de proseguir la revolución o abandonar el país, como única alternativa propuesta por la capitanía general de la Isla para salvar la vida de su hijo, hecho prisionero por tropas españolas en enero de 1870.
 
Acatar la indicación del gobierno colonial significaba, escribió el historiador Roberto Hernández, traicionar a los miles de hombres que en los campos de Cuba derramaban su sangre por el ideal de la independencia, abandonar a su suerte a millares de familias que desde el comienzo de la guerra vivían en la manigua y perdieron todas sus propiedades, así como propagar el caos y la desmoralización entre las tropas y la población que acompañaba a la revolución en marcha.

De la respuesta de Céspedes a la coacción del capitán general, Antonio Fernández Caballero de Rodas, le viene el epíteto de Padre de la Patria: “Duro se me hace pensar que un militar digno y pundonoroso como usted pueda permitir semejante venganza, sino acato su voluntad, pero si no lo hiciere, Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueran por nuestras libertades patrias”.

La fatídica orden no se hizo esperar, el tribunal militar de Guáimaro le impuso la pena de muerte al joven Amado Oscar. El castigo mortal fue ratificado por la autoridad superior el 28 de mayo de 1870 y ejecutado a la mañana del día siguiente. Distaban pocas semanas para que cumpliera 23 años de edad.

Lo escrito por Martí sobre Céspedes ayuda a conocer más sobre su personalidad y el alcance de su decisión: "De Céspedes el ímpetu… es como el volcán, que viene, tremendo e imperfecto, de las entrañas de la tierra. De Céspedes el arrebato… desafía con autoridad como de rey.

“Y no fue más grande cuando proclamó a su patria libre, sino cuando reunió a sus siervos y los llamó a sus brazos como hermanos… Cree que su pueblo va en él, y como ha sido el primero en obrar, se ve como con derechos propios y personales, como con derecho de padre, sobre su obra… Las palabras pomposas son innecesarias para hablar de los hombres sublimes”, expresó Martí refiriéndose también a Ignacio Agramonte.

Por temor a la represión desatada como respuesta al levantamiento en Damajagua el 10 de octubre de 1868, Oscar, entonces estudiante del tercer año de la carrera de Derecho en la Real y Pontifica Universidad de La Habana, se mantuvo en la semiclandestinidad para luego radicarse en los Estados Unidos.

Poco tiempo después manifiesta el deseo de reunirse con su padre para pelear por la libertad de la patria y su aspiración de regresarse a la isla en la primera expedición que saliera. Es así que parte de Nueva York el 29 de diciembre de 1869 en el yate de vapor Anna, como parte de la expedición organizada por Domingo Goicuría.

La embarcación llega a la costa norte de Oriente el 19 de enero de 1870. A sólo dos días del desembarco las fuerzas españolas comenzaron la persecución de los expedicionarios hasta su captura.

La historia sometió a Céspedes a la terrible prueba de un sacrificio por el que perdió a un hijo, pero ganó a millones que viven en una patria a la que él le inició el camino para una revolución desde entonces irreversible.

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