Práctica peligrosa

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El diálogo entre aquellos muchachos me alarmó. Se burlaban de un conocido que casi pierde el brazo y ahora lo tiene flácido por inyectarse una sustancia indebida. Mencionaban a otro individuo dedicado al expendio de Testosterona por el valor de 10 pesos el sobre y de otro adolescente a quien el acceso a los recetarios del padre médico le facilitaba la compra e ingestión del medicamento.

El tema en cuestión era la perjudicial práctica de ingerir remedios deliberadamente para incrementar la masa muscular y a la que acuden algunos en su afán por lucir fuertes y atractivos, sin reparar en las consecuencias nefastas de ese acto irresponsable.

Soy madre de un adolescente que también anda tras el embellecimiento de su figura con la realización de ejercicios diarios durante jornadas vespertinas que comparte con un grupo de amigos. Por eso y como una acción preventiva le comenté el suceso y lo convidé a que buscáramos juntos información sobre la nocividad de tales prácticas.

Las declaraciones de una especialista del Departamento de Farmacoepidemiología de la Dirección Nacional de Medicamentos y Tecnologías Médicas del Ministerio de Salud Pública me resultaron como anillo al dedo. La experta asegura que el uso de la testosterona (hormona masculina con efectos naturales en el desarrollo de las características sexuales, la producción de espermatozoides y en el crecimiento de músculos esqueléticos) debe ser sólo a través de la prescripción médica porque su ingestión sin esa indicación conlleva a desarrollar una poderosa musculatura pero las consecuencias son dramáticas para el organismo.

La fuente indica que, en el caso de los hombres, ocasiona disminución de los espermatozoides, reducción del tamaño de los testículos, calvicie y ginecomastia (desarrollo de los pechos), entre otros daños. A la mujer le produce disminución del tamaño de los pechos y de la grasa corporal, mayor grosor de la piel, quistes, acné, caída del cabello, aumento del vello facial y corporal y crecimiento del clítoris.

A tales daños se une el amarillamiento de la piel, mal aliento, excesiva sudoración de los pies y dolor en las articulaciones, además de provocar paranoia, delirio y completa alteración del juicio, asociados a sentimientos de superioridad, sin soslayar las secuelas hepáticas en forma de tumores y los infartos cardiacos y cerebrales.

Para colmo de males, los esteroides, en su conjunto, pueden provocar adicción, depresión e intentos de suicidios cuando el individuo se los administra por largo tiempo y decide suspenderlo, similar a lo que ocurre en el síndrome de abstinencia en los alcohólicos.

Las aseveraciones de la fuente consultada concluyen que el empleo indiscriminado de la testosterona se extiende en la población masculina joven con efectos desastrosos porque, además de los problemas mencionados, se corre el riesgo de que el organismo no consiga su completo desarrollo.

La conversación entre estos jóvenes me hizo inferir que aún hay fisuras en los procesos de producción, almacenamiento, distribución y venta de medicamentos que permiten a inescrupulosos ganarse la vida de manera tan reprensible y que es necesaria la alerta a nuestros galenos sobre el control y resguardo de los formularios.

De los beneficios de la práctica de deportes y la realización de ejercicios para el desarrollo físico y sicológico de las personas de cualquier edad y sexo no hay dudas, más bien es necesario, como ocurre, estimular su realización cotidiana.

Lo nefasto resulta que la saludable y desestresante actividad se asocie al uso deliberado de sustancias cuyo costo puede ser fatal para la integridad física o la vida de las personas. La alerta es válida para madres y padres, pero sobre todo para quienes se desesperan por ganarse un título Arnold.

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