La satisfacción de educar

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maestra 1Fotos: William ParraoLleva en sus entrañas el don de la enseñanza. Lo supo mucho antes de su aporte en la Campaña de Alfabetización en Cuba. Jugar a la maestra era su pasatiempo favorito en la infancia. No hubo niño en el barrio que se escapara de sus “magistrales clases”. Así de inmensa era su habilidad. Cuando llegó al primer grado ya sabía leer y escribir. Desde entonces Gertrudis Berlanga Leyva comenzó a amar a la más noble e intensa de las profesiones.
A los 16 años desandaba por los caminos de la comunidad El Cerrito, en el municipio holguinero de Rafael Freyre, para contribuir con la misión de alfabetizar. De aquella etapa recuerda las dificultades afrontadas con el orgullo de una joven valiente.
“A principios de la Revolución existían muchas personas en desacuerdo con el nuevo sistema. Por eso muchos de los que participamos en la Campaña de Alfabetización fuimos blancos de amenazas. En mi trayecto a la escuela me gritaban 'maestrica la vamos a ahorcar'. Pero eso nunca me desanimó”.
Comenzó su tarea de maestra de manera voluntaria al no contar con la edad requerida para iniciarse en la vida laboral. El deseo de enseñar superó toda barrera.
“Trabajé con 64 alumnos mañana y tarde y en las noches le impartía clases a 34 obreros en la escuela Urbano Noris, ubicada en la localidad de El Cerrito. Mi escuela llegó a ser modelo”, comenta.
Así se adentró en el apasionante mundo del magisterio, donde quedó atrapada para toda la vida. Muchos años dedicados a tan sublime labor tienen un móvil para esta freyrense, que creció y maduró entre pizarras y tizas.
“Me gustan los niños y enseñar. Creo que ser maestro es una profesión que se ama e implica sentido de pertenencia. Poder transmitir conocimientos y a la misma vez educar, formar valores, guiar a los pequeños por un sendero correcto son mi razón de ser”, indica.
Gertrudis cuenta de sus experiencias y de cómo ha cultivado la pasión por su trabajo en la cotidianidad del aula, con sus pupilos y la familia, a esta última le atribuye un rol fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
“He dedicado 55 años al ejercicio de mi labor, la que defiendo con mi mejor desempeño. Consagro mis horas a atender a mis alumnos pero también educo a la familia, esa célula fundamental de la sociedad tan imprescindible en nuestro trabajo.
“A nuestras escuelas rurales asisten muchos niños donde su núcleo familiar posee bajo nivel escolar, por eso el trabajo es más complejo en estas instituciones. Perfeccionar las deficiencias que ello trae para el aprendizaje, la cultura y todo lo que tiene que ir aparejado para que el educando aprenda es tarea mía también”, recalca.
Su sapiencia se extiende a varias escuelas del municipio donde han requerido su concurso. Conocimientos metodológicos y profunda labor pedagógica destacan.
“He sido tutora de 62 maestros en formación de escuelas pedagógicas y de los que llegan recién graduados, de modo que mantengo mi constante ayuda y además, presto atención a las necesidades educativas de los niños”, afirma.
En su escuela primaria Oscar Lucero Moya, de la comunidad de Potrerillo, Gertrudis siembra, cultiva y cosecha amor, no solo en sus alumnos de tercer grado, sino en todos los que permanecen en su radio de acción.
“Siempre busco un espacio para atender mis tareas en la comunidad, aprovecho este escenario para irradiar mis enseñanzas. Resulté ser la mejor lectora del barrio y eso trato de incentivarlo en las nuevas generaciones. Creo que el maestro debe ser ejemplo vivo ante todos y en su actuar está el reflejo del patrón a seguir. En este camino andamos”, prosigue.
Más de 160 reconocimientos y varias distinciones y premios nacionales como el José de la Luz y Caballero, Especial del Ministro, entre otros y la condición de Vanguardia Nacional por más de 25 años, avalan el quehacer de esta experimentada maestra que, en varias ocasiones, ha sido premiada por sus aportes en la creación de medios de enseñanzas y juegos didácticos para alumnos que optan por carreras pedagógicas, presentados en el evento internacional de Pedagogía.
“Tengo un círculo de interés pedagógico con niños del segundo ciclo de la primaria y secundaria básica. A ellos les digo siempre que el magisterio es difícil, pero es una profesión de muchas alegrías por su noble e importante misión. No hay mayor satisfacción que poder instruir y educar a otros, ver el fruto del trabajo en su aprendizaje y manera de manifestarse”, acota.
Gertrudis se regocija en el orgullo de haber contribuido desde el triunfo de la Revolución al sistema educativo cubano y permanecer frente al aula, aun a sus 69 años de edad, con el mismo ímpetu de entonces, estimulada por los logros en su familia, en la que también plantó la semilla del magisterio.
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Yanela Ruiz González
Author: Yanela Ruiz González
Lic. en Estudios Socioculturales, periodista de la Casa editora ¡Ahora! Especializada en temas de Educación y Educación Superior Fans a las redes sociales
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