¿Hasta que la muerte los separe?
- Por José Abreu Cardet, César Hidalgo Torres, Rosana Rivero Ricardo
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Isabel debió ser una muchacha tímida y bella. Esa es la imagen que nos da su foto ya de adulta. De su juventud no se conservan retratos.
Cuando aquel 11 de diciembre de 1898 recibió la noticia de la muerte repentina de su esposo, Isabel tal vez recordó el día en que dijo “sí” en la ceremonia nupcial de su natal Jiguaní. Nadie escribió para la posteridad sobre ese día, el 11 de agosto de 1862, en el que se iniciaba su historia de amor y tragedia.
Apenas tenía 17 años cuando conoció al joven Calixto García, quien, procedente de San Isidoro de Holguín, administraba un tejar propiedad de su madre, Lucía Íñiguez, ubicado en Jiguaní.
Él fue tan tenaz en el amor como en las tres guerras de independencia de Cuba. Cuando informó a sus padres del casamiento, se opusieron y necesitaba su consentimiento para contraer nupcias, pues aún era menor de edad.
A sus padres quizás no les gustaba la pobreza de Isabel, procedente de una familia en ruinas tras la muerte del padre; aunque ella creía que quien se oponía al casamiento era doña Lucía, de carácter fuerte y posesivo, por lo que no aceptaba pretendiente para sus hijos. Las hembras, por ejemplo, murieron solteras.
Si Calixto se casó fue porque él pidió que el Capitán General de la Isla intercediera y lo autorizara. Sin embargo, aunque obtuvo la autorización, Calixto no se casó hasta que arribó a la mayoría de edad.
Isabel incumplió su promesa matrimonial. A pesar de las infidelidades del esposo, no lo amaría “hasta que la muerte los separe”, sino más allá.
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En el Complejo Monumentario Plaza de la Revolución Mayor General Calixto García hay una sala que lleva el nombre de Isabel Vélez Cabrera desde el año 2018, en saludo al aniversario de su natalicio. Es quizás, el único sitio en Holguín que lleva su nombre. La propuesta nació de nuestro Consejo Técnico y fue aprobada por el Centro Provincial de Patrimonio Cultural.
Desde la Plaza nos hemos empeñado en divulgar ampliamente su vida y accionar patriótico, aunque sigue siendo insuficiente que se conozca su figura. Nuestro deseo de traer sus restos es para que descansen junto a los de Calixto.
Aimeé Cabrera González, directora del Complejo Monumentario Plaza de la Revolución.
Sala Isabel Vélez Cabrera, en la Plaza de la Revolución de Holguín.
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La joven pareja se estableció en el tejar que poseía Calixto en Jiguaní. Allí nacieron sus tres primeros hijos: Leonor Matilde (1863), Calixto Ramón (1865) y Carlos Gabriel (1866).
Un acontecimiento quebranta la tranquilidad del hogar: el 10 de octubre de 1868 estalla la Guerra de Independencia. Calixto se alza inmediatamente. Doña Lucía decidió que todos irían a las maniguas de la jurisdicción de Holguín.
Isabel iba en avanzado estado de gestación de su cuarto hijo y en compañía de los tres niños pequeños, la madre de ella y dos hermanas, y también doña Lucía Íñiguez, don Ramón García, el padre de Calixto, y otros hijos de estos.
El 13 de abril de 1869 se encontraban en los montes de San Pedro de Cacocum cuando a Isabel se le presentó el parto. De hojas de plátano fue la cama de la parturienta. Lucía fungió de comadrona y uno de los mambises que acertaron a pasar por allí, cortó con su machete la tripa del ombligo.
Calixto García Íñiguez.
En agosto de aquel año Calixto fue asignado a la división de Holguín. El joven matrimonio se volvió a encontrar en los desolados campos holguineros. Ella ya tenía 28 y era una convencida mambisa, como miles de cubanas.
Isabel cuidaba el más preciado tesoro del matrimonio: los cuatro niños. No obstante, las muchas tensiones creadas por la persecución enemiga y las penurias, detuvieron el flujo de leche materna. El pequeño Justo comenzaba a morir de hambre.
Justo García Vélez llegaría a Comandante en la Guerra del 95 y en la República fue Canciller de Cuba.
Es de imaginar la desesperación que causaba en las madres, abuelas y tías escuchar el llanto del bebé. Sin embargo, el niño sobrevivió. Ninguna de aquellas mujeres escribió sobre el asunto. Quizás consideraban tan natural el imponerse a la muerte que acabaron olvidando la hazaña de la maternidad.
Muchas más pruebas le faltaban por afrontar a la Vélez. Isabel y el resto de la familia deambulaban por los bosques, eludiendo la tenaz persecución enemiga. En los primeros días de agosto de 1870 fueron apresados por los españoles y enviados a una insalubre cárcel de La Habana.
Gestiones realizadas por doña Lucía les permitieron salir de allí, y también trabajó para que la nuera, los niños y el resto de la familia de Isabel fueran al extranjero.
Se establecieron en Cayo Hueso, Estados Unidos. Isabel cosía pago para el sostenimiento de su prole. Con la ayuda de la emigración logró trasladarse a Nueva York donde continuó ejerciendo como costurera. El matrimonio no se volvería a encontrar hasta ocho años después, concluida la Guerra Grande.
Al arribar Calixto a Nueva York se establecieron en un humilde apartamento que se llenaba con la alegría de los niños y la esperanza de la nueva vida que albergaba el vientre de Isabel. Mario llamaron al niño que nacería en enero de 1880. Dos meses después el General se marcha nuevamente a los campos de Cuba enrolado en la Guerra Chiquita. Ella queda sola de nuevo en Nueva York.
Calixto, tras percatarse de la falta de condiciones para la lucha, capituló en agosto de 1880 y fue deportado a España. Dos años más tarde, el General le pidió a Isabel que fuera con sus hijos junto a él. Allí permanecieron por 13 años.
Como si todas las desgracias se hubieran puesto de acuerdo para llegar juntas, en ese periodo murió su hijo Calixto, quedando bajo su tutela los dos nietos que él le legó. Fallecieron con poco tiempo de diferencia su madre y hermana. Por último, murió el pequeño Calixto, hijo de Leonor García Vélez, la hija mayor de Isabel y Calixto. Otra en su lugar habría enloquecido, pero Isabel supo reponerse de tanta pérdida y siguió luchando por los suyos.
Conozca una biografía mínima de Isabel Vélez.
Así llega el 24 de febrero de 1895, en Cuba se reinicia la guerra por la independencia. A pesar de la precaria salud del General, el viejo guerrero se fugó de España.
Luego, Isabel y los niños también pudieron marcharse y llegaron a Nueva York el día 8 de diciembre de 1895. Pocas semanas después de haber llegado, Calixto y Carlos salieron hacia Cuba. Ella quedó sola y desamparada con cinco niños, una de ellos, Merceditas, la hija, aquejada por la tuberculosis.
Más allá de sus deberes como madre y abuela, presidió el Club Patriótico “General Calixto García”; fundado el 14 de noviembre de 1897 en New York para realizar propaganda revolucionaria y recaudar fondos para ayudar a familias desamparadas.
Con el fin de la guerra, en agosto de 1898, la esperanza de Isabel de reunirse con el esposo se hizo una realidad. Reclamaba la presencia del esposo, junto al lecho de la hija moribunda que anhelaba ver a su papá.
Pero Calixto no va al encuentro de la hija enferma. No podía alejarse de Cuba al final de una guerra que, con el tratado de París, parecía no desembocaría en la anhelada República. En un intento por reconocer el derecho de los cubanos a la independencia se envió a los Estados Unidos una delegación encabezada por Calixto, para entrevistarse con el presidente.
Se impidió la entrada de los mambises a Santiago de Cuba. Calixto protestó enérgicamente.
Llegó el caudillo a Nueva York el 21 de noviembre de 1898. Allí estaba Merceditas en un estado lamentable. El padre decidió que Isabel llevara la niña al Estado de Georgia, buscando un clima favorable. El general estuvo lo más que pudo con los suyos, pero su presencia era solicitada en Washington.
El 11 de diciembre Isabel, acompañada de su hijo Justo y Merceditas, llegaron al lugar donde esperaban que la niña se restableciera, pero exactamente ese día los alcanzó la funesta noticia de la muerte repentina, enfermo de pulmonía, de Calixto en Washington. Dieciséis días después que el padre, murió Merceditas.
Funerales de Calixto en Washington.
En su diario escribió Isabel: “Llegamos a Thomasville el mismo día que murió mi pobre Calixto, no puedo asistir a sus funerales en la Catedral de San Patrick, ni al entierro en suelo cubano en febrero de 1899”.
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En La Habana dediqué este sábado a visitar la Necrópolis de Colón. Habrá quien diga que soy un tipo macabro, pero los cementerios son el mejor y más completo libro de Historia.
En las fotos las lápidas de Isabel y sus hijos el Brigadier Carlos y el Comandante Justo.
Hay allí un personaje histórico con el que hemos sido muy desagradecidos los cubanos, los holguineros sobre todo, y la gente de Jiguaní. Hablo de doña Isabel Vélez, la esposa de Calixto García.
Después de la muerte de su esposo, ella decidió vivir en La Habana, para estar cerca del cementerio. Sus hijos entonces eran del Cuerpo Diplomático y quisieron llevarla con ellos. Pero Isabel dijo que no rotundamente. Dijo que después de muerta, estaría por toda la eternidad junto a Calixto.
Y cuando murió, en 1916, la enterraron en el mismo panteón. Pero cuando se trasladaron los restos del General al Mausoleo de la Plaza de la Revolución en Holguín en 1980, Isabel quedó en La Habana, a más de 700 kilómetros de distancia. Aunque a sus hijos los sepultaron junto a ella.
¿Y si los holguineros hiciéramos los trámites para que Calixto e Isabel estén juntos para siempre en Holguín?
César Hidalgo Torres, radialista e historiador apasionado.