Pensé que demoraría mucho más tiempo en escribirlo. Que la rutina del trabajo me consumiría, que los recuerdos llegarían después, que ver una foto no provocaría tanta nostalgia. Pensé que estos cinco años explotarían cuando llevara doce cursos separado de ella, pero no, lo hicieron ahora, a cuatro meses de haberme ido, cuando se me pone “vieja” y cumple 5 décadas. Llegaron poco a poco las historias, me llenaron de pinchazos y heridas, se fueron tejiendo, organizándose, diluyéndose y consumiéndome.Pensé, luego, que no iba ser tan malo el recuento, un supuesto desahogo de experiencias. Me confundí, y fue muy difícil vivirlo.
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