Acceso
  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mié, 26 Abr 2017 - 20:23

DESCARGAR
Edición Impresa

El misterio de los "Criollos"

cigarros-criollos.jpgDirán que veo el problema, porque lo consumo. Quizás el no consumo, exuberantemente mayoritario por parte de mis colegas de labor, hace que el tufillo de lo que no anda bien, escape a su fino olfato predominantemente femenino. De hecho, nunca oí la más mínima alusión al asunto, pese a que lo sospecho.

En tal contexto, se trata de un No Problema, de algo invisible, mientras el administrador del periódico y yo debemos soportar estoicamente las andanadas condenatorias y recurrentes al humo grisáceo y a la “peste a cabo”, con perdón de los que alguna vez ostentaron ese mínimo grado militar, por ejercitar lo proclamado en una canción que dice: fumar es un placer, etc., en la tierra donde se descubrió para el mundo el tabaco. Ambos concedemos que hace daño a la salud y al bolsillo, pero…

Sin embargo, puertas afueras, si es un serio problema para los consumidores que, contrario a lo que se debía esperar después de ingentes campañas de Bien Público, enfiladas a destacar sus perjuicios a la salud de las personas y el entorno, van en incremento y hasta disminuye la edad de inicio en “este maldito hábito” por lo que veo en las calles, que esclaviza, victimiza, de la única manera social y legalmente aceptada.

Un sacrosanto derecho individual que, sin adeptos, habría hecho colapsar a las vegas tabacaleras, no habría propiciado la aparición de la industria del tabaco torcido (el Puro o Havano) y mucho menos del cigarrillo, y Cubatabaco no dijera, plenamente orgullosa, que produce en Vueltabajo la mejor hoja del planeta.

El problema de inestabilidad lo vengo observando luengo tiempo, pues vaivenes ha tenido en medio siglo, mareas bajas y altas, avances y repliegues, épocas de “despelote” y etapas de cordura, sin dejar de recordar momentos críticos de los años 70, cuando hojas como las del plátano nutrieron la tripa de “cigarritos” de papel de copias (cebollas les decían) y maquinitas personales para enrollarlos, evidentemente con componentes ante la combustión más tóxicos que la nicotina y el clásico alquitrán, entre los más-menos 90 elementos nocivos que contienen los de factura industrial.

Después, con particular recurrencia lo comencé a notar en la región del Valle de las Flores, a los pies del Cerro Bayado, unos años después de la entrada en producción de la fábrica Lázaro Peña, llamada se decía entonces, a cubrir la demanda nacional total, solo que el asunto no fue debidamente razonado, al parecer, con los demás trabajadores de la más antigua industria cubana, los descendientes del valiente Pepe Antonio y del dicho al hecho medio un buen trecho, y otras viejas fábricas llenas de obsolescencias tecnológicas quedaron en activo.

Con los años, en los últimos con mayor énfasis, el cigarrillo Criollos que rápidamente se apropió de la preferencia de los fumadores, calidad mediante sin desdoro de algún que otro resbalón, comenzó un proceso de repliegue sostenido de la estantería de los centros comerciales estatales holguineros, lo mismo bodegas que cafeterías, entre otros, con apariciones cada vez más esporádicas, digamos que fugaces.

Lo cierto es que ahora, para apreciar la sostenibilidad productiva de la eficiente y reconocida industria, hay que emigrar de las fronteras citadinas, doblando lo mismo a la izquierda que a la derecha en la Carretera Central, especialmente hacia la derecha hasta unos 740 y pico kilómetros de distancia, donde comprobé de manera reiterada que su presencia es permanente o casi permanente para no ser absoluto.

Averiguaciones indirectas me hacen pensar que las producciones pactadas por la “Lázaro” con destino a la provincia, especialmente para la capital, son sistemáticamente honradas y ello permite colegir que los Criollos toman un camino difuso luego de salir del recinto fabril, pues es suma rareza verlos en venta a siete pesos la cajetilla, algo casi de vértigo.

¿A dónde van a parar? Ciertamente, si no aparecen donde debieran, algún otro derrotero toman, pues de pronto reflotan como Ave Fénix en los pequeños “negocitos” domésticos que los venden al menudeo, a 50 centavos “la bala” y a diez pesos “la carga de 20 balas” o cajetilla, y con similar precio no suelen faltar en cafeterías, restaurantes y otros del sector no estatal o cuentapropista, por ejemplo, en un mortificante toma o deja que contrapone aún más al deseo del fumador con el bolsillo humilde, pues el “vicio” no es barato per se.

Mientras, en los lugares asequibles para las mayorías, tintinean en solitario los Populares y los Titanes, con sus conocidísimos problemas de calidad que, en general, solamente mortifican a sus cuasi obligados consumidores, incluida la falta de cigarrillos en algunas cajetillas, la “tronconera” en la picadura, los despegados, los flojos y los superapretados, los doblados y los corticos, todo un amplio abanico de “dificultades”.

Sin ser un entendido en economía, imagino que los cigarritos Criollos dejan por ahí regados montón de pesitos cada mes, y que a pesar de no tratarse de un tema de los socialmente más sensibles, de todos modos impacta en parte de la población, donde abundan los rumores-especulaciones en busca de una explicación por la sostenida ausencia.

Más aún, pienso que la inmensa mayoría de los que se detengan a pensar en este fenómeno en la ciudad de Holguín, sean fumadores o no, coincidirán en que es una situación creada, pues producción suficiente existe en Villanueva, mientras no me demuestren lo contrario.

Para este escribidor, el cigarrillo Criollos es un “misterioso” ausente en la geografía popular de la Ciudad de los Parques.

 


AddThis Social Bookmark Button

0 Comentarios

1000 caracteres

Cancel or

Copyright © 2000-2017 Periódico AHORA. Se autoriza la reproducción de trabajos de nuestro sitio, siempre que sea de forma íntegra y se acredite la fuente.
Compatible con IE7, IE8, Firefox, Opera, Safari y Google Chrome. Resolución óptima: 1024 x 768 píxeles.