No es de extrañar que ante el triunfo mayoritario del Sí, para aprobar la última Constitución Cubana, validada por el pueblo el domingo 24 de febrero, los discrepantes de la Revolución empezaran a desacreditarla y a acudir a las más inverosímiles mentiras, para calificarla de “fraude” y “show”.
Mi profesora de Economía en la universidad era una señora impecable, heredera de un ilustre apellido pinareño, que manejaba un Chevrolet descapotable y parecía un ángel hasta que abría la boca o te miraba por encima de los espejuelos como perfecta copia de María Félix en su papel más terrífico.
Este 24 de febrero mi tío Severo no pudo asistir a su Colegio Electoral. Aun cuando su deseo era ese, las limitaciones para andar impidieron que se trasladara hasta el sitio previsto en su zona de residencia. Sin embargo,pudo ejercer su voto por la Constitución cubana.
Esperé a votar para escribir esto. Marqué sí, obviamente, porque creo en mi País, y en el futuro, creo en lo que veo, en lo que pude sentir con mi cruz, con mi voz presente. Creo en el cambio.
La vieja foto en blanco y negro de mi padre, con micrófono en la mano hablándole a un grupo de personas, hizo que ese momento volviera a revivirlo como si fuese ahora mismo, a pesar de haber transcurrido más de 43 años de esa instantánea.