Decidir por Cuba

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Tengo 23 años y la manía de verlo todo con ojos de periodista recién graduada, de manera que todo me parece nuevo, demasiado hermoso o irremediablemente terrible. Mi mayor placer es el descubrimiento e intento, cada día, actuar según el principio de la utilidad de la virtud.

Me preguntan qué significa la nueva Constitución para los jóvenes. Escribir sobre el tema. Y miro a mi jefa de información, portavoz de la iniciativa, como solo se puede mirar a quien formula una interrogante que nos compromete en momentos definitorios.

Me gustaría poder hablar en nombre de los jóvenes de hoy, le digo, los de mi generación, que es la generación de los experimentos, inmersa siempre en procesos de transición; y también los de estas generaciones que llamo "del celular y otros demonios".

Pero los jóvenes, como suele decirse, nos parecemos demasiado a nuestro tiempo. Un tiempo digital, táctil, 3G, vertiginoso y hasta un poco fatuo, que genera entre nosotros intereses, preocupaciones y perspectivas muy diferentes. Así, solo puedo ofrecer mi opinión como carnada, le digo, y esperar, a ver si consigo la empatía de los lectores.

La Reforma Constitucional es para mí una experiencia peculiar. Nunca antes, como en el proceso de debate, sentí que entre todos construimos nuestra nación. A fin de cuentas, la carta magna refleja lo que somos como sociedad, en la forma de derechos, deberes y garantías.

Muchos tuvimos varias oportunidades para expresar nuestra opinión, pues la consulta popular se extendió rigurosamente a escuelas, centros laborales y comunidades. Según datos publicados por ¡ahora!, el 29 de septiembre del 2018, solo en la provincia de Holguín se realizaron más de seis mil reuniones y las propuestas superaron las 39 mil. Cada modificación, una mejora en el país. Cada adición, un camino nuevo. Cada eliminación, una dificultad superada. Así construimos la nación.

Votar a favor o en contra de la nueva carta magna supone la oportunidad de influir en el futuro de Cuba. Sí, trate de releer esa afirmación sin un tono consignista.

Tómese un momento para recordar a los cubanos que protagonizaron nuestras luchas por la independencia. Imagíneselos en aquellas batallas contra uno de los ejércitos mejor armados de este lado del océano. Batallas desiguales donde se ganaba o se moría. Y que después se internaban en la manigua, a curarse las heridas y reponer fuerzas.

Piense que aún en esas condiciones se tomaron el tiempo para redactar la constitución de la República en Armas. Así ocurrió en Guáimaro, en Baraguá, en Jimaguayú. ¿Por qué? Aquellos documentos eranel alma misma de la revolución, el sustento legal de lo que soñaban para la isla, el punto de partida y la medida de todo resultado futuro.

Recuerde también que en 1940 los cubanos fueron plenos porque redactaron la ley de leyes más progresista de su época, y que en 1952 se la arrebataron con un golpe de estado y cuánto la reclamaron desde entonces.

Los jóvenes no olvidamos. Vivimos la Revolución que no vimos arder. Disfrutamos beneficios por los que no tuvimos que sacrificar. Pero reconocemos que nuestro asidero está en la Historia y en la desmemoria, la más peligrosa de nuestras tentaciones.

Nos sabemos herederos de la nueva Constitución, sí. Los preceptos que analizamos y debatimos ayer, mañana serán nuestras principales garantías. Agradecemos la posibilidad de atravesar este proceso de maduración nacional en paz y ejerceremos, muchos por primera vez, nuestro derecho a decidir por Cuba, porque sabemos que la nueva constitución, como nosotros, se parece mucho más a nuestro tiempo.
 
 

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