Jesús Menéndez aún brota de las cañas

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Veintidós de enero de 1948. El entonces capitán Joaquín Casillas Lumpuy quiere hacer injusticia. Mas al negro parlamentario y azucarero lo amparan la inmunidad política y una coraza moral. Tres disparos efectúa el sátrapa. En Manzanillo quedó regada la sangre de Jesús Menéndez Larrondo, El General de las Cañas, como lo bautizó Guillén.
 
Aquel descendiente de esclavos y mambises heredó la lucha de estos, para defender la causa de la clase obrera, específicamente la de los trabajadores de centrales y bateyes, y sus familias. Bajo techo de guano, cobijado por tablas de palma, empezó la vida nada dulce del líder sindical. En plena adolescencia, ya picaba caña, y recogía tabaco mientras la zafra “moría”.
 
No se permitió ver a terratenientes y magnates pisoteando la cuota azucarera, humillando al hombre y exprimiendo la tierra cubana. En el mismo EE.UU., dio batalla para que se negociara la inclusión de una Cláusula de Garantía, cuyo contenido comprendiera los precios de la venta de sacarosa. Setenta años transcurrieron desde que Grau San Martín se destiñera aún más, permitiendo dejar impune aquel asesinato.
 
El comunista, oriundo del municipio de Encrucijada, antigua provincia de Las Villas, abogó por el pago de horas extras y la concreción de obras sociales en los poblados azucareros, olvidados en la geografía del servilismo. Su muerte movilizó al pueblo, que lo despidió multitudinariamente. En el significado físico podrá haberse ido; pero de su obra viven toneladas y arrobas de una industria que sabe a Cuba.
Nelson Rodríguez Roque
Author: Nelson Rodríguez Roque
Licenciado en Estudios Socioculturales Periodista Deportivo y de temas Históricos y Políticos
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