La consideración también se enseña

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“Yo me considero una buena madre”, decía una mujer a otra, “le doy mucho amor a mis hijos, me sacrifico por su bienestar, cuanto anhelan trato de conseguírselo dentro de mis posibilidades, no me gusta que pasen trabajo y los complazco en todo”, enumeraba, “entonces, no entiendo por qué cuando los necesito nunca puedo contar con ellos”.
Bueno para responderle: Por una sencilla razón, señora: la consideración, también se enseña. ¿Lo ha hecho usted?
Muchos padres se quejan, hoy, de la falta de compromiso de los descendientes con sus destinos y los principales culpables son quienes los forman así: engreídos, holgazanes y acomodados. Una de las causas de ese desprendimiento con los seres queridos está en no crearles ningún tipo de responsabilidad.
Entre los fallos de ese tipo de crianza se incluye la mala idea de evitarles los esfuerzos, hacer lo que le corresponde y darle lo gustos sin ningún tipo de límites. Los descendientes confunden deberes con derechos y ya no piden, sino exigen.
No son frutos conscientes, sino bitongos. Muchachos sin la mínima sensibilidad, ariscos, superficiales e inmaduros, para quienes su máximo deseo es tener un móvil o un tablet y lo demás carece de importancia.
La tenencia de las últimas tecnologías es un lógico anhelo, pero pensar que el mundo gira alrededor de ellos, le sustrae a la formación sus principales componentes: la nobleza, respeto, madurez y otros nobles sentimientos necesarios para ser una correcta persona.
Sería muy triste el aumento de los progenitores creídos que la principal meta es “hacer dinero”, muy por encima de ayudar a los demás. Con ese apego a los bienes materiales, sus pequeños crecen egoístas y amantes del comportamiento: yo primero.
El nivel monetario alto es fundamental para el buen nivel de vida, pero hacernos esclavos de las riquezas y educar a los niños en ese precepto genera consecuencias negativas y nosotros podemos ser las víctimas.
Una anciana de 70 años, con tres hijos y cinco nietos, pasaba sus últimos días en un asilo, porque ninguno podía atenderla. Recuerdo de la frase: “Una madre puede cuidar 10 hijos y 10 hijos no pueden asistirla”.
La madre tiene una gran carga de culpable por ese desprendimiento en los suyos al criarlos, sin querer, merecedores de todo, pero esos adultos no aprendieron en sus existencias el significado de deber y obligación con sus seres queridos. Después le llevan flores a la tumba y hasta lloran ¿hipocresía o remordimiento?
 Hilda Pupo Salazar
Author: Hilda Pupo Salazar
Periodista especializada en temas de educación y valores. Autora de las columnas Página 8 y Trincheras de ideas.
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