“Si entro, triunfo”

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Las pretensiones del Movimiento 26 de Julio eran lógicas. No se podía dejar sola a la expedición del yate Granma. Había que movilizar a las tropas de la Tiranía hasta Santiago de Cuba y así evitar su concentración en la zona costera oriental del sur, por donde desembarcarían los 82 revolucionarios.
 
Detrás de la estrategia estaba el ingenio del Comandante en Jefe y Frank País. Se produciría el despertar de las armas contra Batista, tres años después del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. En ese período, solo había ocurrido un hecho intermedio en Matanzas, cuando otro grupo de patriotas atacó la guarnición de Goicuría, el 29 de abril de 1956.

Aunque, seguramente, el dictador del 10 de Marzo no dormía tranquilo desde que Fidel, los moncadistas, y otros dignos cubanos, e incluso extranjeros, se preparaban en México para retomar la lucha insurreccional. La ciudad de la Tierra Caliente se puso en ebullición; en distintos puntos de esta, comenzaron los tiroteos bien temprano, ese 30 de Noviembre, hace 62 años.

El verde olivo de los uniformes y el brazalete del Movimiento caracterizaron a los combatientes de aquella jornada, protagonistas de otra demostración del descontento con una Cuba muy distante de lo esbozado en la Historia me Absolverá, la bibliografía más progresista de una etapa donde la Isla estaba influenciada por los aires anticomunistas soplados por la política estadounidense, faro y guía del lacayo régimen.

El fuego contra los esbirros fue disminuyendo al filo de las 10 de la mañana, pero el factor resistencia ya había jugado su papel. En aquella jornada perdimos, físicamente, a Otto Parellada, Tony Alomá y Pepito Tey; sin embargo, de ese grupo de osados surgiría una red de apoyo al Ejército Rebelde, tanto en guerrilleros como en pertrechos, guiada por el hombre símbolo del clandestinaje, Frank País, asesinado por “los monstruos” –así calificó Fidel a los asesinos–en su urbe santiaguera, tiempo después.

Es poco conocido que, en esa última fecha del onceno mes, hubo acciones también en otros sitios de la geografía cubana: Nicaro, Palma Soriano, Guantánamo, Puerto Padre, Las Tunas, Baire, Manzanillo, Pinar del Río, Cienfuegos, Camagüey, Santa Clara, La Habana, Guantánamo, Caimanera…

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En una embarcación de recreo de 13 metros de eslora y 4,76 de manga viajaron desde Tuxpan los expedicionarios. Hasta uno de los navegantes, de apellido Roque, cayó al agua, pero el compañerismo prevaleció, luego de la orden del Comandante en Jefe, quien detuvo la travesía para buscarlo.

Náuseas y mareos no disminuyeron la moral de quienes arribaron a Cuba por Las Coloradas, porción de tierra poco firme, dada la cenagosa topografía. Para colmo, el ejército enemigo, avisado, los persiguió en todos los frentes, auxiliado por la aviación, que los localizó en Alegría de Pío y facilitó el golpe asestado a las fuerzas del naciente contingente de barbudos.

Gracias al encuentro en Cinco Palmas y otros que acontecieron, más la valiosa ayuda del campesinado de la Sierra Maestra y el Movimiento 26 de Julio, el Ejército Rebelde fue consolidándose, hasta llevar la guerra tanto a las montañas como al llano.

Dos años habían acontecido del Triunfo del Primero de Enero, cuando se constituyeron nuestras FAR, continuidad de aquellos que dispararon desde los techos santiagueros o repelieron la Ofensiva de Verano. Noviembre y diciembre del ‘56 gestaron Cuito Cuanavale, Kangamba, Sumbe…
Nelson Rodríguez Roque
Author: Nelson Rodríguez Roque
Licenciado en Estudios Socioculturales Periodista Deportivo y de temas Históricos y Políticos
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