Pereira y la confederación de las almas

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El escritor italiano Antonio Tabucchi veía en sus sueños a un señor llamado Pereira, le confesaba ser viudo y cardíaco. En mi caso, mis encuentros con él ocurren en la lectura de un libro llamado Sostiene Pereira. Me cuenta que es periodista en la página cultural de un periódico portugués, que siente ganas de arrepentirse de su vida y que traduce cuentos de escritores franceses del siglo XIX.

Pereira no entiende lo que es ser periodista hasta que decide escribir un artículo sobre el alma. No lo hace porque un cura le dice que es necesario seguir las razones del corazón, sino porque sabe que su profesión requiere de valientes.

Me cuenta que conoció a dos jóvenes, unos completos inconscientes. Luego de varias citas en un café y entregas de necrológicas, entendió que luchaban por una causa justa. Comenzó a sentir que su vida no había tenido sentido.

Recordó una teoría que le había contado un doctor de unos filósofos llamados Théodule Ribot y Pierre Janet. Ellos veían la personalidad como una confederación de almas dentro del ser humano, usualmente bajo el control de un "yo" hegemónico. Pereira me confesó que hay un nuevo "yo" apoderándose de sus ideas, y debe apoyarlo para no entrar en conflicto consigo mismo.

Era el momento de arrepentirse.

A veces olvidamos que somos periodistas, y nos dedicamos a ser taquígrafos de informaciones (me incluyo). Nos acostumbramos y acabamos siendo unos fantasmas ajenos a la realidad.

Eran inicios de diciembre del 2021 y me encontraba en una universidad a seis kilómetros de casa; haría las pruebas de aptitud para estudiar periodismo. Entre tantas preguntas sobre cultura general y conocimiento de redacción, me preguntaron «¿por qué periodismo?». En ese momento inventé ideas, lo más probable sin ningún sentido, para intentar convencer a tres periodistas que me escuchaban.

Por suerte, ya estoy graduada de la carrera. Quizá les convenció mi respuesta o, lo más probable, ni ellos mismos la tenían.

No supe que quería ser periodista hasta que viajé a otro municipio, sin pensarlo dos veces, y entrevisté a los familiares de una víctima de feminicidio. No supe que quería ser periodista hasta que entendí el compromiso de responder a la verdad —aunque a veces sea tan relativa que provoca dolores de cabeza—.

Hay que intentar escribir artículos sobre el alma, sino solo nos recordarán como nombres que salían en el papel para el baño. Si nos lo proponemos, seguiremos siendo esos mismos nombres, pero con un periodismo capaz de dejar huella.

Hoy es el día nacional de la prensa, una forma de recordar la fundación del periódico Patria por José Martí. Me gustaría felicitar a todos los periodistas; a los que aún no saben porqué se dedican a ello, a los que se arrepienten, a los que no tienen miedo a hablar, a los que hacen un periodismo que quizá no cambie el mundo, pero no provoca indiferencia.


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