El síndrome de Penélope

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Este lector hace una lista de lo que considera obstáculos en la prosperidad del país, independientemente de cruel bloqueo yanqui contra Cuba: Incumplimientos en la producción de alimentos, indisciplinas sociales, pérdidas de valores, no garantizar con el salario las necesidades de cada quien, precios altos, irrespeto a la legalidad, hurto en empresas estatales, entre otros.

Incluye en ese conglomerado de hechos negativos al síndrome de Penélope. El nombre de tal dificultad nace de la propia anécdota. Penélope es un personaje de la Odisea, poema atribuido a Homero, es la esposa del personaje principal Odiseo, el rey de Ítaca. Ella espera durante veinte años el regreso de su marido de la Guerra de Troya.

Mientras Odiseo está ausente, la mujer es pretendida por varios hombres y ella, a manera de engaño, les dice que aceptará un nuevo esposo cuando termine de tejer un sudario para el rey Laertes.

Para prolongar el mayor tiempo posible esta tarea, deshace por la noche lo que teje durante el día. Por tanto, llamamos el síndrome de Penélope lo que se construye hoy y se desbarata mañana.

Referimos no solo a la falta de cuidado de las instalaciones, también, esos servicios tan geniales en un principio y pésimos en un final. El síndrome de Penélope se ajusta a muchas cosas. Es muy lamentable no cuidar lo que tanto esfuerzo y dinero cuesta.

La práctica nociva de empezar a maltratar lo hecho, aun cuando no se ha desprendido del “celofán” de lo nuevo, genera la frase popular:

“Deja ir ahora, que está recién abierto”. La irresponsabilidad pulula por quienes deshacen y quienes los permiten.
Tiene que ver con la falta de pertenencia, un conjunto laboral que no protege lo que le ponen en sus manos y convierte algo bonito en cuestión de fotos de un día. Sería tan reconfortable que los propios obreros se ocuparan del mantenimiento de su unidad y velaran a los que le hacen daño a quienes utilizan el servicio.

Con esa postura de destruir, convertimos el suceso humanitario del desempeño del colectivo en un círculo vicioso: levantar hoy y destrozar al día siguiente. Le resta prestigio al grupo de trabajadores desatenderse con el destino de su entidad y obrar con la vista gorda ante los males.

Los primeros en criticar en esas instalaciones sometidas a tales problemas son a sus colectivos, por la incapacidad de salvaguardarlo del: vandalismo, hurtos, robos sin el peligro ningún sentido de pertenencia.

En los mecanismos de estimulación por el cumplimiento de los planes, nunca debía faltar la belleza del centro, porque tan importante es la productividad como la cultura del detalle en el entorno donde actúan, para no ser como esas personas elegantes, bien vestidas y arregladas en la calle, mientras en sus casas sucias y desorganizadas en un total descuido
 
 Hilda Pupo Salazar
Author: Hilda Pupo Salazar
Periodista especializada en temas de educación y valores. Autora de las columnas Página 8 y Trincheras de ideas.
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Comentarios  

# Pepe 26-10-2018 12:37
Estimada Hilda, como siempre, Ud. da en el blanco con sus comentarios. El síndrome de Penélope se nos ha metido tan adentro que ya es casi parte del ADN de los cubanos. Superar ese síndrome va a costar mucho trabajo y recursos. Una sensación de impotencia se apodera de uno cuando ve hasta dónde ha caído la vergüenza en nuestra provincia, hablo de Holguín, porque primero hay que limpiar nuestras calles antes de criticar otras regiones. Un baño público hay en medio de la ciudad, a la vista de todos (ciudadanos y autoridades) en la céntrica esquina de Martí y Maceo (vaya manera de irrespetar el nombre de dos insignes patriotas de nuestra Independencia). Se reparan y restauran servicios médicos y a poco tiempo después ya no funcionan, faltan médico y enfermera, no hay asientos, los equipos dejan de funcionar... Se abre un nuevo mercado y en menos de 24 horas es territorio de acaparadores y revendedores y Minint, Administración y PCC y Gobierno provincial y municipal son incapaces de solucionar. Personas enajenadas mentales andan deambulando por nuestras calles, pernoctan en bancos de parques, funeraria, edificios, etcétera, creando una situación incómoda para los citadinos y la Comisión de Prevención no es capaz de resolver el problema. Personas alcohólicas deambulan creando situaciones que a veces contravienen la Ley o la violan, y las autoridades son incapaces de solucionar. Los vendedores ambulantes (carretilleros) aplican el precio que les viene en ganas y llegan a la agresión verbal y guapería si el cliente osa reclamar por el precio.
¿Estas situaciones resultan de la política del Bloqueo de EE.UU.? ¿Qué impide aplicar la Ley y llamar al orden a quienes hacen de nuestras calles pasto de heces y orine? ¿Por qué es imposible poner orden en los mercados para que 3 ó 4 personas no carguen con toda la oferta y luego la revendan a precios elevados justo frente al propio mercado? ¿Por qué el propio Estado incrementa precios de venta que se equiparan misteriosamente al de los revendedores? (caso gaceñiga, se expendía a 10,00 y los revendedores la vendían a 20,00. solución: ahora una gaceñiga vale 20,00). Preguntas quedan cientos o miles, pero las respuestas tal vez nunca lleguen o lleguen demasiado tarde...
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# Hector 29-11-2018 14:25
Tiene mucha razón, por desgracia ese síndrome se padece en todo el país, aquí en La Habana, Ud. pasa por una calle y están haciendo una zanja para las conexiones de agua, luego la tapan, reparan las calle, pero al pasar algunos días hacen otra zanja para la conexión del gas, y luego otra para la electricidad, cuantas veces se reparó esa calle, cuánto dinero, fuerza de trabajo y cuánta molestia a los vecinos, transeúntes y transportistas. Creo que se debe coordinar y hacer los trabajos una sola vez.
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