La pelea del año

  • Hits: 1256
En esta esquina, un enfermo, un recordista local de carreras de fondo, alguien desesperado. En la otra, un doctor, un notario, un trabajador cualquiera. Es el enfrentamiento diario entre el que necesita y el que provee.

Round 1

En las ojeras de este médico, bastante joven, adivino una mala noche. A fin de cuentas, le faltan un par de horas para terminar su guardia.

Yo, padezco cierto malestar, de otra forma no estaría en su consulta. Respondo sin ganas a sus preguntas de rutina. Las formula sin mirarme, mientras escribe algo ilegible, como todos los médicos.

Él me odia en silencio por llegar a esa hora, cuando no puede más. Yo odio la enfermedad y pienso que si sus ojos cansados se encontraran con mis ojos febrosos, tal vez podríamos terminar más rápido este round.

Round 2

En cierta oficina de la ciudad, donde se gestionan los documentos para habitar mi casa, ocurre un enfrentamiento desigual.

Para quien atiende a la población, es otra jornada de llenar planillas y formularios, de firmar, acuñar y pegar sellos… Un día de trabajo tedioso, como todos, para mantener andando la maquinaria burocrática. Para mí, es la tercera ausencia a mi propio trabajo, la cuarta caminata y la quinta cola.

El personal de la oficina se sabe en el poder y yo, recordista local, me adecuo a sus términos, porque necesito terminar esta carrera de fondo.

Horas de enfrentamiento después me retiro, creyéndome victoriosa. En la próxima oficina me rectifican: falta un cuño.

Round 3

Falta hace un café, para espabilar esta rutina que desgasta. La camarera, como el médico, tampoco me mira. Ella no tiene ojeras, ni malas noches, pero sostiene un móvil y una animada plática con las otras camareras.

Sería de mala educación interrumpirlas, lo sé. Así que aprovecho esta oportunidad para entrenar mi paciencia. Una oportunidad, digo mirando el reloj, bastante larga.

Tiempo fuera

Escritas son cuestiones retóricas: ¿Por qué muchas personas no hacen su trabajo como deberían? ¿Es una cuestión de poder, o de querer? ¿Por qué encuentro cada vez menos esas criaturas extrañas, capaces de sensibilizarse con los problemas, aunque no sean suyos?

Formuladas entre amigos o recién conocidos, son preguntas con una respuesta muy práctica. El salario no alcanza, dicen. No se puede ser eficiente con una retribución tan escasa. Cuando paguen más, la gente trabajará más y mejor.

Igual de práctica es mi réplica: ¿Acaso definimos nosotros el salario de los demás? ¿Los obligamos a ocupar aquellos puestos de trabajo? ¿Hemos generado sus inconformidades? No, me dicen, claro que no.

Estamos todos en la misma situación y cada cual debería comprender que, a menudo, nuestro trabajo es el más importante del mundo para alguien más.

Breve o complejo, nos coloca en posición de influir en la vida de otro. Hacerlo para bien o para mal es una decisión personal.

A fin de cuentas, ser bueno no tiene precio y la única recompensa por ser solidario es esa sensación, como de orgullo, que nos queda tras haberle sido útil a un desconocido.

Knockout

Falta entrenar más el espíritu. Por ahora, va ganando esta rutina que desgasta, de médicos que preguntan sin mirarme, de oficinistas desmemoriados y camareras que dejan enfriar mi café, mientras platican animadamente con otras camareras en torno a un celular.
 
Claudia Arias Espinosa
Author: Claudia Arias Espinosa
Licenciada en periodismo. Muchas ideas poco tiempo.
Más artículos de este autor

Escribir un comentario