José Enrique Michael Roch: “El taekwondo es mi vida”
- Por Carlos Alberto García Aballe
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Fotos: Cortesía del entrevistado y del autor.
Con casi cuatro décadas dedicadas a la formación deportiva en Holguín, el entrenador José Enrique Michael Roch trabaja desde la base con niños y niñas del reparto Pedro Díaz Coello, convencido de que la disciplina es tan importante como las medallas.
Este longevo profesor fue elegido como mejor activista de deportes en el municipio Holguín durante el año 2025, premio merecido por la dedicación y constancia de su trabajo cotidiano.
En un área deportiva de Holguín, en Pedro Díaz Coello, José Enrique ha construido una historia de perseverancia y entrega. Lleva 39 años dentro del taekwondo, la mayoría dedicados a la categoría pioneril, donde, asegura, se forma integralmente al niño.
“Yo trabajo en un área aquí en Holguín y llevo muchos años con la categoría pioneril. Es una tarea muy noble. He visto crecer a muchos niños. En el reparto Pedro Díaz Coello el taekwondo tiene mucha masividad, y allí está nuestra área principal de entrenamiento”, explica.
Los entrenamientos se realizan de lunes a sábado, a partir de las cuatro y media de la tarde.
“Aquí el taekwondo es para todos. Entrenamos todos los días con los niños de la comunidad. Es un trabajo constante, de mucha dedicación”.

La captación de nuevos practicantes se realiza directamente en las escuelas cercanas.
“En nuestro radio de acción están las escuelas Tony Alomá, Dalquis Sánchez, Simón Bolívar y Oscar Ortiz Domínguez. Son centros que están dentro de la comunidad y la mayoría de los niños viven cerca de donde entrenamos. Eso facilita mucho el trabajo”.
Para José Enrique, la base es esencial en cualquier disciplina deportiva.
“El trabajo en la base es lo más importante. El niño llega de la calle, de los juegos, del teléfono, y aquí le enseñamos respeto, disciplina. Le pedimos que deje el celular a un lado por un tiempo y que se concentre. Aprenden principios que después aplican en la escuela, en la casa, en la vida”.
Con mucho tiempo de experiencia, ha visto pasar varias generaciones de atletas.
“Llevo treinta y ocho, treinta y nueve años en el taekwondo. He tenido muchos atletas en el equipo nacional, muchachos que han participado en Juegos Centroamericanos y Panamericanos. Eso es una satisfacción muy grande”.

Aunque no fue el entrenador principal del campeón olímpico Ángel Valodia Matos, sí formó parte del colectivo que lo preparó en sus inicios.
“Yo fui parte de los entrenadores que trabajaron con él cuando comenzó su carrera deportiva. Eso también forma parte del orgullo que uno siente”.
La emoción de ver a sus alumnos competir en escenarios nacionales e internacionales es indescriptible.
“Es algo muy grande. Yo me alejé un tiempo por problemas de salud, pero regresé y fui a dos campeonatos nacionales pioneriles. Ver a los niños haciendo el trabajo, obteniendo buenos resultados, para mí es lo más grande”.
Entre las experiencias que más lo han marcado recuerda una en particular.
“En los años noventa, un atleta mío, Yoan García, ganó un campeonato nacional en Camagüey. Yo estaba en la grada como árbitro. Cuando terminó su pelea y le dieron la medalla, salió corriendo hacia donde yo estaba y me la puso en el cuello. Eso no se olvida”.
La historia volvió a repetirse años después.
“Hoy sus dos hijos son alumnos míos. En el campeonato nacional pasado, uno de ellos ganó su pelea, le dieron la medalla y lo primero que hizo fue venir hacia mí y ponérmela en el cuello, igual que su padre. Eso es un motivo de mucho orgullo”.

El papel de la familia es fundamental para lograr los mejores resultados:
“Hay una compenetración muy grande con los padres, con los alumnos, con los abuelos. Ellos me confortan, me ayudan, me dan ánimo. Eso me hace sentir muy bien”.
Vinculado al sistema deportivo cubano a través del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), José Enrique Michael resume su trayectoria con una frase sencilla y profunda:
“El taekwondo es mi vida".
Después de tantos años en el tatami, José Enrique Michael habla de compromiso. Su historia demuestra que las medallas brillan, pero la verdadera victoria está en la formación de valores desde las primeras categorías que perduran generación tras generación.
