“Trovadicto”

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fernando cabreja 1foto: uneac.org.cu
 
Dice Fernando Cabreja que “la vida es ahora” (verso que, por cierto, le encanta a este periódico). Disfrutar de una de sus peñas me dio el pie forzado para compartir esta “trova” de ideas en una placa que siempre está “fuera de foco”, y de fecha también. 
 
Los que aun no han subido busquen sogas, escaleras, par de canciones y una guitarra, pues estas líneas intentarán demostrarles que los niños, los borrachos y las canciones de la trova siempre dicen la verdad.

La trova llegó a mi vida por necesidad del contexto. La pubertad exigía “defender” un género musical y en mi armario no había camisetas anchas ni gorras cerradas para ser rapero. Por demás, mi “inglich” no era “gud” ni siquiera para tararear el rock and roll más suave. Un pulóver del Che me hizo rebelde y por transitividad “trovadicto”.

Al principio, me zambullí en el personaje y casi me ahogo en la egolatría de sentirme superior por escuchar música inteligente, ese “gremio” cuyo slogan fosforescente es el de “mírenme-que-aquí-estoy-y-hasta-me-sé-las-canciones”, aunque luego se cuestionen si los unicornios azules existen.

Luego, descubrí que la trova no es un disfraz, en todo caso un vestido, una camisa, que no les sirve a todos, pero que al mismo tiempo tiene una camisa y un vestido para todos. Uno se ajusta la trova al cuerpo con la letra de la canción que le da la talla. Algunas te aprietan demasiado. Otras te visten el alma perfectamente en cueros.

La trova no es un juego de beisbol. No busca un hit en cada canción, ni necesita llenar el estadio, ni viene en caja cuadrada. Basta que una persona pida un verso prestado y se lo lleve a caminar por el tiempo. No lo digo yo, lo dice Silvio, “siempre que se cante con el corazón, habrá un sentido atento para la emoción de ver que la guitarra es la guitarra, sin envejecer”.

Hay una espontaneidad en la trova que la hace única; una comunicación sin proformas de contratos establecidas. Ella no es como la gente quiere. Es, y punto, y luego la gente la quiere como es. La música de hoy necesita mucho de eso. Necesita despojarse de la premeditación y sobre todo proponerse hacer menos con más. La música no es una fábrica de acordes y letras.

Para algunos la trova no existe, porque no la han encontrado, tampoco es que se la dejen ver o escuchar mucho, a juzgar por la salud mediática y promocional que la enfermiza. Al parecer no le preocupa mucho. Así de conformista es, y así de conformistas son los bolsillos de muchos trovadores. Solo ellos conocen la contraseña de su consuelo.

Yo sé cuál es el mío. Lo demás es superfluo. Tras la guitarra siempre habrá una voz, tras un micrófono no siempre habrá un autotune. Para mover el cuerpo pueden estar felices los cuatro y sin pijama. Para mover el cerebro hacen falta 19 días y 500 noches, o al menos, una luz cegadora, un disparo de nieve.
 
 
Luis Mario Rodríguez Suñol
Author: Luis Mario Rodríguez Suñol
Licenciado en Periodismo, padre precoz y guevariano de pura cepa.
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Comentarios  

# yara 06-11-2018 15:52
ME ENCANTAAAAAA
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