Después de un rosario de adversidades, del huracán Ike, del Irma y otros fenómenos con nombres similares, he visto renacer de sus cenizas las naves de las granjas avícolas de Holguín, que dan batalla, resisten y comienzan, una y otra vez, en un ejercicio de tenacidad de sus trabajadores, comprometidos con una de las actividades pecuarias más dinámicas e intensas.