La jaula de los leones
- Por Claudia Arias Espinosa
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Yaquelín Rodríguez Blanco, directora del Museo de Historia Natural de Holguín “Carlos de la Torre y Huerta. Fotos de la autoraEl Museo de Historia Natural de Holguín “Carlos de la Torre y Huerta” tiene las puertas cerradas. La gente pasa y se pregunta hasta cuándo. Se fijan en la fachada y mueven la cabeza cómo diciendo que no, que este edificio tan bello no merece tener cicatrices. La gente extraña el museo, por eso busco a Yaquelín.
Yaquelín es ingeniera geóloga. Se graduó en el Instituto Superior Minero Metalúrgico de Moa, en el ’94. Una década mala. El museo ha sido su único centro de trabajo. Lleva aquí, “en el edificio ecléctico más bello de la ciudad”, como acostumbra decir, más de 20 años y desde 2008 es su directora. Nadie mejor que ella para decirnos la causa de nuestra nostalgia.
“El museo está cerrado porque la contaminación generada por la construcción del hotel Saratoga, es decir, los áridos, el cemento y el ruido afecta el estado de conservación de las piezas que atesoramos. Las piezas ‒me explica– son de base material orgánica y ninguna es réplica. Las plumas, pieles, escamas, conchas, etc, no pueden limpiarse diariamente, porque se deterioran”.
Le pregunto por los años que tienen.
“El núcleo de nuestras principales colecciones pertenecía a José García Feria y su hijo, José Agustín García Castañeda, ‘Pepito’, quien murió a los 80 años, en 1982. Saca la cuenta”.
En una ocasión, se llevaron las bombas lumínicas. El personal del museo las repuso y las atornilló a la base. Esta vez, no pudieron sustraerlas.La calle cerrada tiene otras consecuencias, y no precisamente positivas. Le menciono, por ejemplo, el estado de la fachada.
“Esas bombas lumínicas, que forman parte del inmueble, se han comprado y se han puesto tres veces. Y no es porque se hayan fundido o las haya afectado algún ciclón… Han pasado y le han caído a botellazos”.
En este punto, tengo que preguntarle por medidas.
“En todo momento se ha dado parte a la policía, se han hecho las denuncias pertinentes. Esa bomba está rota desde el 26 de mayo. No se obtuvo respuesta ni de los agentes del orden, ni de las cámaras de seguridad que pagamos a Sepro (Empresa de Seguridad y Protección), por el proyecto Ciudad Segura”.
Personas inescrupulosas dañan estas esculturas, distintivas del Museo de Historia Natural.“La historia de los leones te la voy a comentar. Es increíble”. Yaquelín se adelanta en la silla y me mira, entre resignada y escéptica, no sé.
“Alguien jocosamente me dijo un día ‘hazles una jaula’. Los leones son elementos distintivos del edificio, porque a muchas personas tú les dices ‘el museo de historia natural’, y te responden ‘¿cuál museo, el de los leones?’ Es algo que está en el imaginario popular”.
Yo sonrío y recuerdo que, de niña, también lo llamaba así, “el museo de los leones”.
“Alrededor del día de la cultura nacional del pasado año, se dio la situación. Pensamos que personas inescrupulosas había intentado sustraer las esculturas. Las movieron, hacia la parte de atrás.
Después, partieron el mármol de la base. También de eso existen denuncias a la PNR. Ahí están, archivadas. Nunca sucedió nada. Mientras tanto, tenemos que vivir quitándoles de la boca cucuruchos de maní, latas de cerveza, botellas.”
La verdad, nunca entenderé a quienes encuentran placer en destruir, en especial si se trata de lo hermoso, de lo que ha estado ahí por tanto tiempo, antecediéndonos.
Tampoco están a salvo los azulejos, de fabricación inglesa, años ‘20 del siglo pasado. Como es evidencia, reponerlos es imposible.“La población no sabe lo costoso que es para nosotros, que somos presupuestados, asumir una restauración. Además, se trata de un inmueble patrimonial, en la zona de protección del centro histórico de la ciudad de Holguín, que pretende ser declarado monumento nacional. Aun así, las personas, cuando salen del parque o del Beny, hacen sus necesidades aquí”.
Yaquelín no sabe bien cómo decirme esto, porque no quiere dejar a las féminas en la posición del sexo débil. El personal del museo está integrado en su mayor parte por mujeres, capaces de enfrentar ciclones, pero no de lidiar adecuadamente con situaciones como esta, donde con frecuencia están involucrados alcohólicos y deambulantes.
"El museo está en condiciones de abrir sus puertas al público, que de hecho lo reclama bastante"Por suerte, pienso, la falta de escrúpulos no puede traspasar las puertas del museo, al menos, hasta ahora.
“Aunque la sala de exposición permanente está cerrada al público, en el museo seguimos trabajando. Aquí se han tutorado tesis de grado y de doctorado; incluso, de extranjeros. Se hacen estudios de público. Y seguimos atendiendo personas, cuando necesitan consultar investigaciones o bibliografía especializada en temas de biología, geología, museología”.
El museo cuenta con un centro de información que continúa prestando servicios al público.Me fijo en los documentos archivados en el centro de información. Amarillentos, frágiles. Cada vez más en peligro de extinción. Le digo que sería aconsejable digitalizarlos.
“Lamentablemente, las nuevas tecnologías nos están vedadas por una cuestión financiera. El museo tiene una sola computadora que se utiliza para todo, por lo tanto, no puede cumplir con su objetivo: la digitalización de las colecciones”.
Me pone un ejemplo:
“El sistema de documentación. Un libro de inventario de colecciones, consta de 200 páginas. Este sistema comenzó a instituirse alrededor de 1988. Las hojas están tostadas. Cuando uno tiene que volver al libro para registrar un movimiento, te imaginarás… Si todo esto estuviera digitalizado, el investigador no tuviera siquiera que acercarse al almacén y ayudaría a conservar las colecciones”.
¿Conexión a Internet?
“No tenemos ni correo electrónico”.
Entonces, en estos tiempos, ¿cómo pueden investigar y mantenerse actualizados?
“Tengo que ponerlo en mis gastos de investigación. Lo presupuesto y entonces le pido a la Socict (Sociedad Cubana de Ciencias de la Información), en el Citma, que descargue la información. Y por supuesto, debo pagarles”.
¿De quién depende crear una infraestructura tecnológica adecuada?
“Yo creo que el poder de decisión no está ni siquiera en nuestra provincia, pues esa situación existe en todas. Llegará el momento en que los administrativos se den cuenta de que es necesaria”.
Aunque Yaquelín es “del siglo pasado” y le encanta estudiar por los “libracos”, confiesa:
“Qué más quisiera yo, que nuestro museo y los de la provincia tuvieran su sitio digital, sus computadoras y sus proyectores a disposición del público, para hacer más interactiva la visita”.
El público puede acceder a bibliografía especializada en temas de biología, geología y museologíaDe todas formas, ¿quién dijo que todo está perdido? Existen alternativas, las de siempre, para satisfacer la curiosidad de la gente…
“Históricamente, según estudios de público, somos uno de los museos más visitados. Además de la visita espontánea, el público nacional tiene derecho a solicitar la visita dirigida y también la especializada sobre determinado grupo, dígase aves, moluscos, minerales.
Estas opciones son gratuitas y se solicitan al comprar la entrada. A las escuelas o grupos de estudiantes que vienen, previa coordinación, tampoco les cobramos y funcionamos como una extensión del aula de clases”.
Cada quien decide la manera en que vive la experiencia de aprender, sin embargo, compartida con los museólogos, es mucho más rica.
Cada quien decide la manera en que vive la experiencia de aprender, sin embargo, compartida con los museólogos, es mucho más rica.
“El intercambio interinstitucional de piezas no es la práctica habitual”.También hay quienes consideran el museo una experiencia única, en el sentido de colecciones principales en exposición que apenas varían de un año a otro. ¿Qué hace el museo para salvarse del estatismo?
“El intercambio institucional, hasta cierto punto, siempre se ha hecho de forma legal. Nosotros hemos recibido transferencias de otros museos del país y hemos hecho trasferencias, sobre todo, a museos municipales. Pero no es la práctica habitual”.
Dice que antes, quizá en los ‘70, cuando las condiciones eran otras, se efectuaban donaciones, incluso, de coleccionistas privados.
“Que si hoy las fueran a vender ‒ otro de los medios por los cuales ingresan las piezas al museo– costarían miles y miles de pesos. Hoy, eso no es una práctica. No te donan colecciones, ni te transfieren colecciones. Piezas, tal vez.”
Desconocedores, uno podría imaginarse que el intercambio institucional de piezas museológicas es semejante a cualquier mudanza, pero, claro, nada más lejos de la realidad.
“A veces, somos muy recelosos a la hora de manejar que otras personas accedan a tu colección. No es que no queramos socializarlas. Es para protegerlas, porque muchas de nuestras piezas han salido ilegalmente de Cuba y las hemos perdido”.
Pienso en la historia que me contó una vez la guía del Museo de Historia Natural de Gibara, de cómo su principal gestor, Joaquín Fernández, era doctor y los pacientes le llevaban, como pago por sus servicios, ejemplares de aves y otros animales. ¿Cualquier persona podría donar piezas al museo?, le pregunto.
“Se aceptan las donaciones siempre y cuando vayan a completar un vacío en la colección, el museo pueda darle un uso social o conozcamos de otra institución que la necesite. Siempre se le aclara al donante que, legalmente, esta pasa a engrosar nuestros fondos y una comisión de selección determina su destino final”.
“Claro, a nadie le podemos aceptar, a no ser que dé parte a las autoridades competentes, un guacamayo, o un carpintero real, o un almiquí, porque existe el comercio ilícito de las especies”.
Carlos de la Torre y Huerta“El sueño es distribuir las vitrinas de otra manera, para aprovechar la arquitectura del edificio. Quisiéramos tener un guion de montaje donde se representen los principales ecosistemas de la provincia.“Abrir el museo con nuevos bríos, completar la fuerza laboral.”
Al final de nuestra conversación, lo noto. Yaquelín no mentía cuando lo dijo: “Soy una romántica de la museología. A veces me da changó y digo ‘me voy’, pero… no. Me gusta el trabajo. Tal vez no sea muy bien remunerado, pero sí me da mucha satisfacción espiritual”.

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