Tras la “maleza” (+Fotos)

  • Hits: 1839

Esta foto no es documental, constituye una recreación de la realidad. Foto: Adrian VerdeciaEsta foto no es documental, constituye una recreación de la realidad. Foto: Adrian VerdeciaPalabras soeces y exhibicionismo son algunas de las formas de acoso sexual que muchas féminas “aguantan” a diario al transitar por los inmediaciones de las sedes universitarias de la Ciudad de los Parques. Lo más común es ignorar lo sucedido. Sin embargo, estas y otras manifestaciones, atentan contra la moral, la salud mental y el cuerpo de las mujeres para quienes la sexualidad es un aspecto íntimo.

¡Psss!...¡Psss!...¡Psss!... Miró por encima del hombro y lo vio camuflado entre los arbustos. Su ritmo danzante se tornó mustio, sus pies comenzaron un “maratón” de taconazos. Por más que se apuraba, sentía que no se movía. Notó los pasos tras los suyos, una respiración jadeante que la invadía, un “atributo” masculino que sin contacto físico la tocaba y, sobre todo, palabras impúdicas, hediondas, bestiales.

Aquel de libido enfermiza terminó su práctica temblando de gozo antes de correr a ocultarse otra vez. Ella llegó a la escuela asqueada, con miedo y mucha vergüenza: había sido agredida sexualmente.

Por desgracia, ser víctima del exhibicionismo callejero, ocasional o constante, puede ser la historia de Estrella, Sara, Camila u otra mujer que transite por las áreas aledañas a las sedes de altos estudios del municipio de Holguín. Para estudiantes y profesoras el fenómeno se vuelve insoportable, más cuando deben recorrer el entorno a diario.

Irina Delgado, de la sede Oscar Lucero de la Universidad de Holguín (UHO), asegura que al ir a clases o regresar a casa, un hombre -“no siempre el mismo”, aclara-, la acecha en los matojos de la avenida. “Unos solo chiflan, pero los hay atrevidos que se masturban frente a nosotras, incluso echan a andar detrás tuyo enseñándote sus 'partes'. Encararlos no parece asustarlos, creo que tener cara de pavor o bravura les excita mucho más”.

Para Zoila Martínez, vecina del Reparto Piedra Blanca, cercana a la institución, la situación es otra. Ella explica que nunca se ha visto “hostigada” en las periferias de la escuela, pero, sin dudas, el entorno favorece a que se “atrincheren” allí. “¿Cómo no hacerlo, si hay suficiente marabú y otros arbustos que los resguardan?, inquiere. Asimismo es casi súper humano pasar de noche, por la escasa y en ocasiones nula iluminación. Sin contar además, las rutas de las guaguas que no siempre llegan hasta la misma entrada”.

Ania Delia Infante, a la vez, estudiante en la sede Celia Sánchez, confiesa el temor de alumnas y educadoras en atravesar solas la carretera para llegar a clases, pues los “hostigadores” no reparan en la hora o si estás acompañada o no. “Las universidades están rodeadas de áreas que se pueden utilizar para otras cosas, pero hoy están llenas de plantas invasoras. Si se convoca a un trabajo voluntario la gente asiste, al final quienes residimos aquí somos los más perjudicados”, declara.

De igual forma, Maité Verdecia, egresada, dice que durante sus años estudiantiles se realizaban juicios públicos en la UHO contra los “acosadores” que merodeaban por allí. “Sin embargo -comenta-, mi hermana, que estudia hoy en el 3er. año de Economía, me cuenta que eso ya no se hace cuando el problema todavía está latente”.

Foto: InternetFoto: Internet

Poner las manos en el asunto

Según los especialistas, el exhibicionismo es la inclinación de un individuo a exponer sus órganos genitales en público de forma espontánea y excesiva sin ajustarse a las normas sociales. Desde la Psicología, este trastorno de la sexualidad es atendido en consultas multidisciplinarias, cuyo principio esencial es respetar la identidad del paciente, tanto si se presenta por decisión propia, como si es remitido por órganos de justicia.

“Los practicantes, generalmente hombres, experimentan placer al mostrar sus genitales por sorpresa, sin miramientos por el lugar o el horario. En este patrón de conducta pueden influir otros elementos como el uso de drogas o alcohol, los cuales pueden llevar a una persona a tales actos y luego no recordar los hechos ocurridos”, comenta el psicólogo Carlos Manuel Osorio.

En el fenómeno inciden diversos factores, uno de ellos, de acuerdo con Yudania Cuza, jefa del Departamento de Estudios Socioculturales de la UHO, es que las damas agredidas casi siempre ignoran el asedio, sin reparar que esta es una manifestación de acoso sexual.
“Lo peor -declara la socióloga-, es que no tenemos costumbre de denunciar los delitos sexuales que no implican violencia o penetración, porque no estamos conscientes de que de este modo las mujeres somos violentadas y hay providencias legales al respecto”.

En este sentido es válido destacar que el Código Penal cubano, en el capítulo dedicado a delitos contra el normal desarrollo de las relaciones sexuales, entiende el “ultraje sexual” como el acoso a otras personas “con requerimientos sexuales”, la ofensa al “pudor o las buenas costumbres con exhibiciones y actos obscenos” y la producción o circulación de materiales “tendentes a pervertir o degradar las costumbres”.

Por ejemplo, el artículo 303, modificado en 1997, establece que se sanciona con privación de libertad de tres meses a un año o multas de cien a tres cuotas a quien acose a otros con requerimientos sexuales.

Así y todo, una vez que la persona, desde su subjetividad, rompe con las reglas de conducta que dicta el Derecho, la sanción por sí misma no es un elemento persuasivo, aunque sin dudas los mecanismos legales existentes son insuficientes todavía, al menos como incentivo para que frenen tales “exhibiciones”.

El problema se agrava por el precario entorno de las sedes universitarias a cargo de diversos organismos. La Empresa de Servicios Comunales, una de esas entidades, “es garante solo de la limpieza y embellecimiento de las jardineras que se encuentran en el centro y los laterales de las avenidas”, dice José Mendoza, subdirector del mencionado centro.

La Empresa Forestal del municipio, a la vez, “ofrece tratamiento al área boscosa, pero no la chapea debido a que esta actividad puede alterar el equilibrio de la biodiversidad del ecosistema”, manifiesta Ernesto Tamayo Jefe de Silvicultura allí, quien añade que “según la Ley 85, Ley Forestal del año 1998, el bosque es de uso público”.

Otras de las aristas de la situación son algunas “intermitencias” en el alumbrado de las vías hacia estas instituciones en horario nocturno. Al respecto, Aroldo Pupo, director de la Empresa Eléctrica de la capital provincial, explica que durante 2016 se le ofreció mantenimiento a esas iluminarias llamadas “públicas” y que no existieron dificultades en estas áreas.

Foto: InternetFoto: Internet“No obstante, tras las nuevas medidas de ahorro de energía se hicieron reajustes necesarios para enmarcar el consumo eléctrico del territorio en el nivel asignado. Una de ellas fue apagar el 50% del alumbrado público, en especial el de las avenidas, en aras de no afectar al sector residencial; aunque desde noviembre pasado se restablecieron estos circuitos”, asegura el directivo.

Lo cierto es que la cultura cubana pondera, entre lisonjas y alabanzas, a las féminas, pero es imperdonable ser blanco de silbidos, masturbaciones, exhibicionismo, manoseos e insinuaciones sexuales en lugares públicos.

No hay grados ni niveles. Si se soporta, o no se detiene, un acoso de cualquier clase, por mínimo que sea, entonces se empieza a ser capaz de ignorar, minimizar y perdonar cualquier situación indigna, y no solo eso, se pone en peligro, además, la integridad emocional y la propia vida. La idea es que las mujeres anden en la calle sin prisa ni alerta todo el tiempo por temor a que alguien grite o peor aún... se muestre.
 


Escribir un comentario

Comentarios  

# Miguel Angel 19-10-2018 10:55
Tenemos que ganar en cultura jurídica. Hay tipos de acoso que se ven hasta normal en nuestra sociedad y lo resolvemos con una simple frase: "así es el cubano". En otros países, de América inclusive, el solo hecho de mirar indiscretamente a otra persona es considerado como un acoso. Este es un tema en el cual deben tomar partido de una buena vez las distintas organizaciones en el territorio. Las áreas aledañas a las sedes universitarias son muy proclive a actos como estos. La pregunta es, si hace tanto tiempo se están denunciando estos hechos, por qué no se han tomado medidas fuertes contra ellos? Por qué no se sitúan de manera permanente agentes del orden público en estas zonas en vez de estar "escondidos" a media cuadra cada mañana multando a trabajadores y estudiantes que se dirigen a sus centros por no respetar la señal de PARE? Será más útil a la sociedad esto segundo que lo primero? Ojalá se tome cartas en este asunto pronto y se logre erradicar este mal de nuestra ciudad.
Responder