La guata todavía no se seca
- Por Alejandro Rodríguez Pérez y Kevin González Morales / Estudiantes de Periodismo
- Hits: 2162
En sus 31 años de vida, Eddy Francis Vázquez Quiala, vecino de la comunidad “El Naranjal”, del municipio de Mayarí, jamás había visto el agua subir hasta los niveles que alcanzó la noche del 1 de noviembre del presente año. Esa noche, se encontraba en casa de los abuelos de su esposa, asistiéndolos, debido a las lluvias torrenciales. Como ellos, todos los vecinos de la comunidad se dedicaban a sacar el agua del interior de sus viviendas y proteger los recursos materiales.
No sabe si a causa de su imprudencia o por un impulso, comenzó a caminar por la acera, con el mero objetivo de ver cómo estaban sus vecinos. Al llegar frente a casa de Célida Guirola Delgado, vio a un joven dando empellones contra una puerta. Ante el extraño comportamiento, decidió averiguar el por qué de las patadas. El agua sobrepasaba el límite de la cintura, el cual, para una persona de baja estatura como Célida, era un nivel de agua bastante considerable.
Ante esta situación, la damnificada entró en un estado de desesperación y de pánico, renuente a la idea de salir, tal vez por el temor de dejar perder sus pertenencias o por abandonar la vivienda. Eddy, junto a otro vecino, al ver que por la presión del agua era imposible abrir la puerta decidieron acudir al refranero popular, recordando aquello de que “cuando una puerta se cierra, siempre se abre una ventana", y por ella fue la única manera posible de sacar de aquel suplicio a la señora.
En casa de la amiga a dónde la llevaron, trataron de controlarla mediante el diálogo, pero nada de esto atenuó el dolor de ver su hogar inundado. Aunque regresaron, para intentar recuperar los bienes de Célida, el agua dejó varios estragos. Los colchones mojados se volvieron peso muerto, imposible de cargar para estos hombres; Eddy, al recordar lo acontecido, la nombra como una “noche de batalla”.
Lo mas prudente para este héroe silencioso y sus amigos fue esperar al otro día y dejar que las aguas se calmaran. El joven mayaricero, en sus declaraciones a este reportero, dice que no fue una gran hazaña, que lo hizo de corazón y lo haría varias veces más, pues la vida humana no tiene precio y, más, la de una persona que ha salvado tantas vidas como ella. Al día siguiente, el agua todavía no tomaba su nivel y algunos objetos de la casa flotaban como barcos a la deriva.
La comunidad “El Naranjal” es muy unida y todo el que pudo aportar lo hizo, para ayudarla con provisiones. De lo sucedido esa noche, Célida recuerda que, alrededor de la una de la madrugada, se despertó y al moverse, sintió el agua que ya se encontraba por encima del colchón. El nivel de la inundación comenzaba a aumentar, telefoneó por ayuda y esta no apareció. La soledad y la desesperación la hicieron gritar. La presión del agua no le permitía abrir la puerta. Su único rayo de luz fue ver llegar a Eddy, quien, rápidamente y con ayuda de otro vecino, comenzó a forcejear con la puerta, sin obtener resultados.
“Por una ventana de vidrio estrecha lograron sacarme. Lo poco que tenía se mojó; desde entonces, el cigarro y el café se han vuelto mis compañeros en las largas noches de desvelo, con las camas vacías, sin un colchón donde descansar, porque la guata todavía está ´mojá´, declara la enfermera que fue víctima de los azares del clima.
Como estos hechos, existen varios, provocados por las intensas lluvias recientes en la región oriental de Cuba. Gracias a este joven mayaricero, la señora Célida puede seguir batallando, para recuperar lo perdido en la inundación.
Artículo relacionado:
Holguín reporta significativos acumulados de lluvias en las últimas horas