Le he dado veintisiete vueltas al sol y es maravilloso ver que sigo mi vida como una adolescente cuando la dejan ir sola por primera vez a una fiesta: frenética, bailadora, gritando. A veces no tengo remedio, pero las cosas no se dan siempre como planeamos, ¿verdad?, así que trato disfrutar el viaje y aplaudir las diferencias que nos hacen únicos.
Adoro a los que me acompañan -esto lo corroboré por más de dos décadas consecutivas-. He cambiado de reparto, ropa y zapatos, pero mis amigos son mi constante. No importa si están lejos o cerca, ellos -los que se saben nombrados-, siempre me están esperando. Porque los grandes frutos obtenidos no son por sortilegio de seres iluminados, ni obras unipersonales, muy por el contrario, son el resultado del apoyo y la confianza de ese puñado de gente que te quiere.
Confieso que las tareas hogareñas me quedan grandes: no se lavar y limpiar el mismo día -a pesar de que mis congéneres lo hacen ver fácil-; odio la cola en los mercados, las cuentas económicas para “sobrevivir” la semana y las libras de más que me ha “retribuido” la cocina. Mas, ¡no hay como el techo propio! Punto.
No puedo decir que por mi profesión me he “encasillado”, cada día descubro diversos y fantásticos matices; sin embargo, cuando concluye la jornada laboral, me siento más puesta a prueba que cuando en duodécimo grado, inexperta y soñadora, elegí este oficio, al que muchos llaman “el mejor del mundo”.
El Periodismo me ha hecho analizar noticias que estremecen, porque es como si algunos caminaran dando “Trump-adas” a cada paso: “Estados Unidos se retira del Acuerdo de París”; “El mandatario de la Casa Blanca reconoce a Jerusalén como capital de Israel”; “Se recrudece el bloqueo contra Cuba”...
Otras, simplemente, te devuelven la esperanza: “Venezuela sigue firme en la construcción de su futuro”; “Inauguran viviendas en Holguín para damnificados por el huracán Irma”…
Este año reconfirmé una certeza y una postura de vida: “haz lo que las tripas te pidan”, pues, sin hacer caso a lo que digan, chatear en Facebook es divertidísimo -¡que viva Zuckerberg!-; ningún trago da el placer de una cerveza fría y aunque muuuuuuuuchas me parecen lo peor, las canciones de reggaetón me encantan.
Reafirmé, también, que uno controla muy poco su destino: el amor puede llegar inesperadamente; esa persona que creías tan indiferente a ti, puede ofrecerte momentos inefables, o una acción, tan simple como tocar un anillo, puede trastocarlo todo.
Lo cierto es que puedes planificar hasta las comillas, pero al final es la vida la que se encarga de que esos proyectos se cumplan o no. Esto me ha hecho padecer, porque - y que den fe mis conocidos- me gusta organizar las cosas y, a veces, no puedo. Lo positivo es que una vez que te dejas llevar por la corriente, siempre hay algo que surge y te sorprende. Por ello, es válido transitar con buena onda, pues la energía que se le suelta al universo, es la que se te devuelve.
En fin... fue un año de crecer y avanzar, espero que hacia el lugar correcto. Soy una persona más fuerte y confiada. Tengo una familia hermosa que venero. Y estoy orgullosa de eso. Además, tú y yo…nosotros, seguimos cultivando primaveras.
amor a distancia
 
He amado, casi siempre, a kilómetros de distancia. He sentido la ausencia de un abrazo, un beso, un gesto, un pellizco en el corazón. No es cursilería barata, no es un poema extraordinario, increíble o desesperado, son las cosas que me ha dado la vida, los retos que me impone a diario, es la incertidumbre de estar y no estar presente físicamente. Y vivir así es un riesgo, una aventura, un desafío, una locura, un asiento fijo en Ómnibus Nacionales (ojalá). Vivir así, es como vivir asusente. Read more Distancias
Suzzel Gonzalez
Antes de que el sol calentara la mañana de este domingo de elecciones, cientos de holguineros habían acudido a las urnas a dar su voto unido por la Revolución, como muestra de confianza en la democracia cubana y respeto por el legado del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Read more Votos por Fidel

El incremento de la conectividad en Cuba supone una disponibilidad de líneas y acceso a millares de individuos con mayor o menor noción de las dinámicas que se mueven en las redes.

La urgencia de normas que pauten, más allá del sentido común, la conducta en dichos espacios, es cada vez más evidente. Pero la constante evolución de las tecnologías, vivir en la era de la información, la presencia de dispositivos digitales en casi cada situación o locación de la vida es una realidad que cambia más rápidamente que nuestra propia capacidad de regular, desde lo legal, el comportamiento de los usuarios. Y desde lo familiar, el de nuestros hijos.

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Si bien es difícil hacer entender en los espacios cotidianos fuera del universo virtual, que algunas prácticas naturalizadas como normales son en verdad actos de acoso, más complejo puede resultar hacer ver a quienes se exponen o llevan a cabo tales acciones, cómo ciertos comportamientos en internet son realmente hechos de ciberacoso.Debemos entender que nuestros hijos están expuestos siempre que estén conectados y entender las consecuencias pues ser agredido a través de los medios electrónicos, como en cualquier contexto cotidiano, puede ser generador de estrés, ansiedad, depresión, pérdida de la autoestima y ya en algunos casos, ha conducido al suicidio.

No es gratuita la preocupación, pues la noción de riesgo puede evitar la exposición al daño. Muchas veces los adultos que permiten a niños y adolescentes el uso indiscriminado y sin coto de celulares o computadoras, desconocen cómo los abusadores llegan hasta sus víctimas a través de las redes sociales, y casi cualquier vía de interacción disponible en el ciberespacio.

Esta forma de abuso psicológico puede llegar adoptar diversas formas, como falsas acusaciones o publicaciones que implican al acosado. El perpetrador recopila información a través de amigos y conocidos, puede suplantar la identidad, robar fotos, videos, datos personales. Violar la intimidad de su víctima, y como no requiere estar cerca para causar daño y se vale del anonimato en muchas ocasiones, genera sensación de indefensión y frustración en quien recibe los ataques. Es sabido que los acosadores suelen escoger muy bien a sus víctimas.

Los más jóvenes no son los únicos expuestos, pero sí los más vulnerables, de ahí que sea perentorio estar atentos, ser observadores, no ser ingenuos, ser cautos con lo que se comparte en las redes y con quién, preparar a los menores para identificar a un agresor en estos espacios, porque a veces, ese o esa niña, adolescente, joven que suponen tranquilo y seguro porque está en la casa solo frente a la pantalla, puede estar enfrentando un dolor muy hondo y secreto, a la vista de todos, pero sin ser notado.Manual para padres impacientes es un podcast coproducido entre el periódico ¡ahora!Radio Holguín y Cubadebate, y presentado por la periodista holguinera Liset Prego.