En la República del Ruido se vale todo: entrar a lugares públicos con “la bulla a rastras”; aturdir en esquinas desoladas, ómnibus, balcones, azoteas, portales. Todos vibran al ritmo ajeno. Allí no hay coto para el subwoofer ni toque de queda para el sonido surround. No hay criterios de selección, ni democracia sonora posible.
Read more El imperio de la bocina vecina