Luis Antonio Torres Iríbar, miembro del Comité Central del Partido y primer secretario de la organización en la provincia, junto a otras autoridades políticas y gubernamentales del territorio, acudieron de inmediato al Aeropuerto Internacional Frank País, para acompañar a los familiares de los pasajeros, y ratificarles todo el apoyo, tras conocer de la triste noticia. Autor: Elder Leyva
Fotos: Tomadas de InternetMuchos nos escondemos detrás de los propósitos de año nuevo. Detrás de los estruendos, de las chillonas guirnaldas de papeles brillantes y otros, detrás de las máscaras.
Aún conservo el recuerdo de la liturgia matinal de cada 6 de enero. Rebuscaba entre adornos y bolsas mientras mis padres aún dormían.
Algunas veces, con suerte, habían regalos envueltos entre la serpentina. De esa forma corría por toda la casa hasta despertar a los mayores.
Los Reyes Magos del 2007 cumplieron, y trajeron las mil caras del agente secreto: bigotes y barbas postizas, gafas negras con nariz incorporada y antifaces de plástico.
Con la inocencia que caracteriza a un niño me encantaba llevar sombreros, caretas, lentes y maquillaje. Un par de accesorios y listo, ya podía interpretar a cualquiera de mis personajes favoritos.
“La cara debe estar siempre despejada”, me aleccionaba la abuela, contraria a los disfraces. Rostro limpio, añadía, el reflejo de quien no oculta nada, el espejo del alma.

Hoy poseo unas 6 gafas de sol, un par de sombreros y algunos complementos que sólo adornan una esquina de mi habitación. Escudarme tras disfraces fue innecesario cuando me percaté de su ausencia en los mayores. Sus máscaras eran invisibles, pero reales.
¿Por qué no somos o actuamos como queremos ser? Fantaseo mientras quedo absorta mirando como el desuso de los años derritió esos recuerdos y los pegó a la caja, como las gomas de los objetos perdieron su elasticidad y el pelo se cayó, áspero.
Nada iguala la seguridad de resguardarse tras una máscara copia de uno mismo; una como las que Anna Coleman Ladd pintaba en 1917 para los mutilados rostros de los soldados franceses en la Primera Guerra Mundial, desfigurados por los gases, caras rotas, estéticamente no muy alejadas de las monstruosas máscaras antigás.

Maquillar la realidad nunca había sido tan fácil; aunque la sociedad parece cada vez más permisiva y liberal, sigue juzgando cada uno de nuestros actos, condicionando así nuestro modo de ser y actuar.
Quizás fue en el momento en que dejé corretear buscando regalos y la presión social hizo su llegada, cuando ya no reconocía a mis amigos. Mis compañeros de disfraces, ahora eran quienes usaban esas "máscaras invisibles" como elemento casi solidario.
Bien sabían los "reyes" que solo quería disfraces. Ya no queda nada de todo aquello. En contra de lo que dictan las costumbres, he procurado vivir sin máscaras.
Fotos: ACNLas sequías cíclicas y prolongadas que padece Cuba exigen el uso proporcionado del agua en cada acción requerida de su empleo. Vencido un periodo de lluvia abundante comienza a advertirse la sequedad, sobre todo en terrenos dedicados a la producción agrícola y pastoreo animal.
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Fotos: Adrián AguileraPágina 355 de 1546