El color de la vida
- Por Reynaldo Zaldívar
- Visto: 1937
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José Luis tiene 28 años y lleva 10 en la agricultura. Trabajó como asalariado para muchos campesinos de la zona, por treinta pesos primero, luego por 50, y así por el estilo. La inflación subía y con ella el salario. Sin embargo, el trabajo siempre era el mismo: hacer que la tierra de otros produjera. “Un día desperté decidido a sacarle provecho al pedazo de tierra pegado a la casa. Estaba lleno de maleza y le habían nacido algunas matas de marabú. Costó esfuerzo, días de trabajo intenso. Pero en pocos meses ya lo tenía sembrado. Desde entonces lo hago producir. No he trabajado más para otros, pues hago mis propias cosechas, que si bien no son para hacerse rico, me permiten una economía estable”.