El cañonazo holguinero

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vandalismo hlg 01Fotos: Holguín en fotos y Movimiento Juvenil Martiano

Esa tarde, frente a los primeros escalones de la Loma de la Cruz, imaginé el cañonazo habanero de las nueve en el Castillo de los Tres Reyes del Morro: el estruendo, la sorpresa de los desprevenidos. Pero aquí, en Holguín, no hubo disparo; a nuestro cañón lo tumbaron. Según afirman los vecinos, un grupo de personas en aparente estado de ebriedad lo movió de su lugar durante la madrugada y lo dejó caer escaleras abajo. El ruido fue tal que hubo quien pensó que se acababa el mundo, y no me cabe la duda.

La denuncia se hizo pública el pasado dos de noviembre a través de la conocida página de Facebook Holguín en fotos. En esta plataforma quedó plasmado el evidente descontento popular. Disímiles opiniones y pocas acciones. Al fin y al cabo, cada cual hace lo que puede desde su posición, ¿verdad?

Pero quedó claro el amor de los holguineros por su Loma de la Cruz y la indignación general por lo sucedido. A la exigencia de que el cañón fuera devuelto a su lugar, se sumó el reclamo de medidas contundentes que sancionaran el hecho, junto a la esperanza de un cuidado y embellecimiento urgentes del sitio.

Esta pieza de hierro macizo y por años un elemento característico de la escalinata, vio cómo su historia era interrumpida por actos vandálicos. Frente a lo ocurrido, la respuesta institucional fue desalentadora. La Dirección Provincial de Patrimonio declaró que dar solución al problema no era de su competencia, sino de Comunales, y esta última entidad tampoco hizo mucho. A decir de la gente, ambas se lavaron las manos ante el hecho. Cerraron los ojos y pasaron por alto el maltrato sufrido por una estructura histórica de la ciudad.

Las medidas tomadas no fueron ni remotamente suficientes. Su acción se limitó a mover el cañón hasta la acera, para que no estuviera en medio de la calle. Uno no puede evitar preguntarse: ¿era eso realmente lo único que se podía hacer?

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Actualmente, la respuesta institucional ante ciertas situaciones se aleja cada vez más de ofrecer soluciones concretas. No es la falta de recursos, es la falta de acción.

Ocho días después de que el caso cobrara visibilidad en las redes sociales, por fortuna, un grupo de jóvenes convocados por el Movimiento Juvenil Martiano logró devolver el cañón a su lugar. Aunque inicialmente fueron pocos los que acudieron al llamado, su esfuerzo dio frutos. Poco a poco, se sumaron vecinos del lugar que, conmovidos por la dedicación del grupo, brindaron su ayuda, un apoyo que resultó fundamental. Cabe señalar que no todos los presentes se sintieron motivados a colaborar. Emprendieron la tarea con más voluntad y decisión que recursos, y aun así, lo consiguieron.

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Otro hecho igual de lamentable pudimos presenciar recientemente: el robo de una de las cercas del parque Julio Grave de Peralta, a plena luz del día. El "parque de las flores" de todos los holguineros y holguineras es desmantelado ante nuestros propios ojos.

Ojalá este hubiese sido un hecho aislado, irrepetible, pero es triste comprobar que en la Ciudad de los Parques no es así. Las estructuras históricas permanecen expuestas de manera constante a los daños causados por personas desconsideradas. Los actos vandálicos son una constante, que van desde la violación de estatuas y sus pedestales hasta el uso de bancos públicos para pintar grafitis.

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Gran parte de lo que es la ciudad será legado a las generaciones futuras a través de sus monumentos, tarjas y parques. Sin embargo, la comunidad suele elegir, en la mayoría de los casos, quedarse únicamente como espectadora mientras estas estructuras sufren daños. La historia de Holguín se narra también en sus calles; permitir su deterioro por vandalismo es quebrar su pasado y poner en riesgo su futuro.

Este episodio revela una triste realidad: mantener la belleza y el respeto hacia nuestros sitios emblemáticos ya no es una preocupación común. Tampoco lo es intentar salvaguardar aquellos valores que antes nos movilizaban para velar por el cuidado de lo que es nuestro, de lo que es de todos, de lo que es identidad.


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