El P11, un bolsillo, mi celular...

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 Vacaciones ¡Al fin! Me voy de travesía mi gente. Habana, Artemisa, Santa Clara y otros lugares que puedan surgir en esta aventura. Ilusionadísimo, agarré mi mochila y me fui a la capital, a disfrutar de mis primeros quince días libres como trabajador. Planes, tenía miles. La lista de gente a visitar, enorme. Los contactos, todos guardados en el celular. Era cuestión de activar mi WhatsApp o escribir un sms y los encuentros vendrían, lloverían. Los días no iban a alcanzarme, al menos eso pensé.
 
Primer día. Sábado de mayo. Pocas horas después de arribar a esta ciudad de 500 años, y enamorarme, otra vez, de las “grietas” de la Habana Vieja, de oler a malecón, subo a un P11. Ahí, ahí fue cuando sucedió todo.

En solo 10 minutos, quizá menos, mi estancia, mi cara, mis planes, mis decisiones cambiaron. La guagua venía repleta y aunque eso ya no sea noticia, tengo que recalcar que la frase “no cabe un alma más” era la descripción idónea para este panorama.

Pegados a la puerta íbamos más de 10 personas. Apretaíto, apretaíto. Detrás de mí, alguien sospechoso. Delante, un mulato sudado de pies a cabeza. Al lado, un chica guapa, como para aliviar el ambiente.

ladron de celulares
 
Estoy casi seguro que fue el tipo de la camiseta a rayas, demasiado silencioso, demasiado tranquilo para una noche así, demasiado bien vestido como para cometer el delito. Lo calculó todo, desde que me monté a la guagua. Quizá fue la muchacha, nadie sabe en este mundo contaminado.

Paró el P11. La gente comienza a bajarse, y en menos de dos segundos siento un vacío en mi bolsillo ¡Caballero, me robaron el celular!, dije, casi en gritos, y fui hasta al final de ómnibus preguntando, desesperado, procesando todo. Qué iluso si pensé iba aparecer. Los pasajeros me ignoraban, como que la situación era normal, cotidiana. Y yo, con unas ganas enormes de que alguien soltara: “Sí, fue él, lo vi extraño”. Nada, nada de eso ocurrió, la gente seguía en su mundo.

robo cel
 
Un amigo me timbraba, una, dos, tres veces, pero para colmo mi móvil andaba en modo vibrador. Imposible detener al ladrón. Bajé, pero aún no procesaba la pérdida, que pérdida, digo el descaro, la maldad, las manos sucias de otros.

Alguien me alarmaba antes: “¡Cuídate muchacho, que La Habana está en candela!”Y yo sé que aquí hay una pila ´e loco, pero recibirme de esa manera, era como para ir directo a la terminal y retornar a mi “monte”. Entonces me debía repensar muchas cosas, sobre todo cómo sobrevivir desconectado en mi mundo adictivo a las redes, estaba, sin duda, completemente desorientado, ajeno a todo. Es como Facebook, luego existo.

CELULAR Y FACEBOOK1
 
Yo, que no acostumbro a aprenderme los números de nadie, estaba “botao” en La Habana ¡Ay mamá! Rápido pedí un celular prestado, y cancelé la línea telefónica. Para que el ladrón no me fuera robar ni un centavo de mi saldo. Y pasaron los días, y la ciudad iba y venía en un grupo de WhatsApp enorme, y yo, ausente… portando mi móvil “vintage”, entiéndase un “bloquecito” o teléfono de teclitas, de esos que te pasas horas para escribir un sms, que me prestó un amigo y con el que todavía ando, hasta que me pueda comprar uno mejor, nadie sabe cuándo.

Pero uno se adapta, sale de este mundo virtual y se da cuenta de las cosas. Las redes, han acabado con las conversaciones frente a frente, con los abrazos físicos, con la tranquilidad en la pareja, con el lenguaje oral, rico, vivo, sincero, con decirte te quiero sin usar stickers, ni emojis.

Una tarde de esas, mientras almorzábamos, todos del gremios periodístico, uno por uno, menos yo, agarró su móvil y empezaron a postear y escribirse entre ellos mismos. Solo observaba, pensaba. Yo lo hubiera hecho también. Pero tuve que vivirlo para darme cuenta de que se ha vuelto enfermizo, nos hemos vuelto dependientes. Y en un futuro cabría preguntarse qué puede pasar.Digamos que todo se vuelva peor, y que los amores físicos no existan, que nuestra vida real sea irrelevante, y que nos concentremos sólo en ese mundo virtual, como ya muchos lo hacen. Ese día seremos robots. A ese día no quiero llegar.

Ves, me voy del tema. Consejo sano mi gente. Sostenga su celular en plan Hércules y no se le ocurra jamás meterlo en un bolsillo ancho, y alguien “necesitado” decide meter la mano. Trate de no sacarlo en lugares oscuros, que pueden aparecer ladrones escondidos.

Que su patrón o contraseña nada más la sepa usted, y sea difícil, para que el infractor pase trabajo. Aprenda todos los datos posibles de su celular y bloquéelo de inmediato, así el mercado negro no se enriquece con su pérdida. Y claro, cuando se monte en en un P11, o en cualquier guagua, no confíe, ese es, visto y comprobado, un buen escenario de delito. Fin de mis vacaciones.
Jorge Suñol Robles
Author: Jorge Suñol Robles
Periodista, hasta cuando duermo. Escribo porque las palabras pueden construir caminos y describir realidades, pueden cambiar el mundo. Melómano excesivo. Cubano, de pies a cabeza.
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Comentarios  

# Ernesto Osorio Candelario 19-06-2019 16:05
Felicidades buen artículo, lo siento por tus vacaciones pero esta es la jungla donde vivimos.
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# jorge 03-07-2019 13:56
Gracias por su comentario Ernesto. Es la triste realidad, pero hay que seguir denunciando.Saludos
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# Aurora 28-06-2019 23:27
Por suerte yo no tengo redes sociales. Ya la mayoría de las personas que sí las tienen,escriben en jeroglíficos..jajaja ..ni se entiende lo que ponen cuando postean o comentan en las mismas,y hasta dicen tener miles de amigos "fantasmas",porque no conocen a la mitad de ellos, a veces llego hasta a creer que Mark Zuckerberg es un enviado alíenigena formando un ejército terrestre para experimentos en otro planeta. Vaya, que hay tela por donde cortar...muy bueno tu artículo Jorge, como siempre...Gracias...
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# Adrian IO 01-07-2019 00:02
Amigo usted como siempre, de un problema como puede ser en nuestros días la pérdida de un celular saca algo bueno y constructivo. Yo ya me considero de los adictos al móvil y sus palabras me dejaron pensando. Siento lo de la desilusión en sus vacaciones y espero que pronto pueda tener un nuevo cell. Saludos.
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