Deberes y Derechos

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Arreglar gavetas donde guardamos documentos y algún que otro recuerdo propio o de un ser querido siempre nos trae nostalgia, aunque también sorpresas y motivos para hablar de determinados asuntos cotidianos. Esta semana en una búsqueda rápida por uno de esos cajones hogareño nos encontramos con un pequeño tarjetón ya medio amarillo por los años, en cuya portada puede leerse: Programa de Optimización de los Servicios. Derechos y Deberes de pacientes y acompañantes. Hospital Docente V. I Lenin.
 
Recordé enseguida a quién pertenecía. Era de mi finado padre. Esa tarjeta, que, además invitaba a “Leerse y Conservarla” ofrecía las gracias desde una de las esquinas inferiores de esa primera hoja, la había recibido en mayo de 1985 al momento de su ingreso en la antigua sala 5to A de Medicina, destinada solo a hombres.
 
Abrí el documento de marras y en sus dos hojas interiores leí primero los nueve Derechos y, posteriormente, similar cantidad de Deberes. Cerré la tarjeta y en la contraportada en letras bien negras observé con detenimiento el horario de vida y visitas de familiares y amigos hasta el de recreación 7:00 pm a 9:00 pm.
 
Ese sencillo, pero esencial documento, que era cedido a cada paciente en el Departamento de Admisión, constituía para cualquier persona un reglamento a cumplir, pero además una manera de mantenerse informado de qué debía y no hacer durante su permanencia en la institución, al tiempo que a mi modo de ver, servía también de guía al momento de exigir el cumplimiento de determinados servicios necesarios a recibir allí durante toda su permanencia.
 
Los Deberes y Derechos de pacientes y acompañantes de la década de los ´80 no distan mucho de los actuales. Para ser más exactos, la casi totalidad son los mismos, desde recibir atención médica y terapéutica totalmente gratuita, tener trato adecuado y correcto por todo el personal del centro hasta cuidar el buen estado del edificio y demás propiedades de la institución y cumplir las normas y reglamentos hospitalario.
 
Es, precisamente, sobre estos dos últimos asuntos, partes de los Deberes de los pacientes y familiares, acerca de los que quiero referirme, a partir de situaciones de atentado a la propiedad social, indisciplinas y hechos delictivos son víctimas instituciones de Salud, sin que haya un enfrentamiento enérgico y consecuente siempre por parte de los propios trabajadores y de los pacientes atendidos en esos lugares.
 
Cada año el país destina presupuestos millonarios a la actividad de inversiones, mantenimiento y reparación de unidades de este sector, a pesar de la estrecha situación económica afrontada. Por ejemplo, en nuestra provincia hace varios años está en marcha un programa progresivo de rehabilitación de áreas y departamentos de instituciones. Solo en el 2018 para este objetivo fueron situados 9 millones de pesos, cuya partida ha estado dirigida en lo fundamental a los hospitales municipales y provinciales para devolverles lozanía y confort.
 
El pediátrico Octavio de Concepción de la Pedraja ha sido uno de los más beneficiados con varias salas de hospitalización reparadas y equipadas totalmente, para mejorar la atención de los pequeños enfermos, como a los del Servicio de Oncohematología e ingresados con Infecciones Respiratorias Agudas.
 
De similar manera ha sucedido en el “Vladimir Ilich Lenin” y el clínico quirúrgico Lucía Íñiguez, que a pesar de ser el más joven de los tres ha sufrido los embates de la desidia y la falta de pertenencia de no pocos, que después al necesitar atención médica en cualquiera de esas instituciones cuestionan, critican hasta vociferan y amenazan, porque la taza sanitaria no tiene sistema de descargue, falta el grifo en el lavamanos o está tupido, sin detenerse a meditar, que es muy posible, que la pluma alguien la sustrajo impunemente, se vertieron residuos de alimentos, papeles y otros despojos por la taza o el lavamanos, contra toda lógica o regla elemental de higiene, a pesar de haber un pantry donde colocar los desperdicios.
 
Hace unos días una foto de un supuesto baño de unos de nuestros centros asistenciales fue publicada en una página web y así recorría el mundo y varios fueron los comentarios ponzoñosos. Claro, que no era de los últimos cuartos sanitarios remozados con instalaciones hidráulicas nueva y equipado con todas las de la ley, por el contrario el mostrado hacía sentir pena, vergüenza; entonces, pensé en ese momento, que quizás esa persona que con la mayor mala intención hizo la foto fue una de las que en su momento no cuidó y utilizó como debía ese sitio.
 
Entonces si vamos a exigir derechos también debemos cumplir deberes, más si es en el sector de la Salud Pública cubana, que es gratuita y universal, pero cuesta mucho mantener.

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