El Día Naranja

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Las profesoras traen una cinta naranja en el lado donde late más fuerte el corazón, y reparten otras tantas a cada una de las mujeres que cruzamos el umbral de la Academia de Artes Manuales de Holguín. Tienen cara de quien
guarda en secreto una sorpresa, o tal vez, sea la expresión de alegría de siempre.
 
 
mujer violencia
 
No habrá clases en la sesión de la mañana; vamos a hacer una actividad por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, nos dice la profesora Dayamí, y yo prendo mi cinta con el alfiler finísimo, desconcertada, porque no vine a la Academia como periodista, sino como una alumna más -una de las menos avezadas-, del primer curso de corte y costura.
 
Un espacio ideal este, segunda casa de muchas mujeres, para hablar de la violencia de género, pienso, mientras me dispongo a tomar notas entre dibujos de patrones de sayas y los apuntes para hacer un ojal.
 
La actividad no será únicamente una conferencia impartida por la psiquiatra Lourdes Rodríguez. En la Academia se inventaron un concurso, la primera edición del concurso Di no a la violencia contra la mujer. Yelaine Mora, la
joven directora, parada a media escalera, explica de qué se trata.
 
“Es un evento organizado para brindar las herramientas necesarias para que las mujeres vivan sin miedo, sin ataduras y tengan un espacio para expresar sus ideas a través de la creación artística”, dice.
 
Y dice, además, que debieron extender la fecha de recepción de los trabajos porque a última hora todas querían participar. Cada concursante dispone de tres minutos para exponer su obra.
 
La primera es una estudiante del segundo semestre de peluquería. Trae una ponencia, dos fábulas y una invitación. Lisandra del Carmen González nos cuenta la historia del elefante de circo atado a una estaca. De chico, no
puede zafarse y se acostumbra a esa idea, por eso de grande, a pesar de su “fuerza increíble”, continúa allí, manso, vencido.
 
La mujer también se adapta a la estaca. Hay que zafarse, dice Lisandra y nos sugiere, estudiante de peluquería al fin, que también nos pongamos bonitas para estar en casa. “Tomarnos cinco minutos para nosotras y maquillarnos un poquito, aunque sea para lavar el bulto de ropa”.
 
Le sigue una señora, que habla poco y habla bajo. Su obra me llamó la atención desde que la vi, colgando en la pared del aula grande del primer piso. Con la técnica de parche María Teresa Rodríguez ha confeccionado un
Picasso con enfoque de género. En lugar de acrílicos y pinceles, ha superpuesto recortes de tela, unidos con puntadas casi invisibles, y ha dibujado una mujer que emerge de cadenas “hacia la luz”.
 
En el collage que expone Leonor González, de la clase de diseño, asoman los rostros de la violencia desde una simbólica unión de elementos. El mensaje de Brígida, quien tiene el mismo apellido, es más directo: la mujer no es
marioneta. Después se acerca, nerviosa, Yaima Vega, que propone un análisis feminista de Mi país inventado, de Isabel Allende…
 
Y la más jovencita, Claudia Sera. La voz más dulce que recuerde. La propuesta más moderna: una historieta, dibujada de su puño, a modo de esos spots de televisión donde se muestra la situación errada y la correcta: una
niña quiere jugar pelota y los chicos no se lo permiten; luego, como debe ser, recapacitan.
 
En este punto de la actividad debería decir lo que obtuvo cada una en el concurso, si Premio o Mención. Pero eso no importa ahora. Todas son ganadoras porque se han empeñado en cultivar la capacidad de crear, y sobre
todo, porque tienen una noción clara de su realidad como mujeres y la dirección más acertada para avanzar.
 
“Nosotras tenemos derechos”, dice Claudia. “No podemos dejar que nadie nos diga que no”.

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Comentarios  

# luis Gr 27-11-2018 16:37
Exelente articulo mas claro ni el agua la mujer debe de ser respeteda y considerada desde su pareja hasta la sociedad, ellas al igual que nosotros los hombres tienen el mismo derecho a que no se les ponga limites a su desarrollo social y emocinal.

#no a las CADENAS
#no a la Violencia contra la Muje
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