La Rosa de Mir

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Rosa Espinosa MirFoto de la autora
 
Ryszard Kapuściński, el gran reportero polaco, precisó los cinco sentidos del periodista: estar, ver, oír, pensar y compartir. Quienes intentamos aplicar la lección, sabemos que el acto político y ceremonia militar de aquel domingo fue algo más que los dos minutos concedidos en la postrimería del noticiero nacional de televisión.

Aquel domingo, los periodistas comenzamos a trabajar desde las cuatro de la tarde. Debíamos salir con tiempo, por si los fallos. Usted sabe. Y Mir no queda ahí mismo. Para llegar, primero hay que recorrer 33 kilómetros de carretera central, en dirección al municipio de Calixto García; luego, doblar a la izquierda y avanzar 10 más por un camino muy irregular.

El microbús revuelve el polvo blanco, que se cuela por las rendijas y se asienta sobre nosotros. Vemos, cada tantos metros, los bohíos, sencillos como las primeras casas de la isla. Y nos cruzamos con los campesinos, de sombrero y camisa, conduciendo a los bueyes o cabalgando. No da tiempo a saludar. Cada cual a lo suyo.

Todavía era temprano cuando llegamos a Mir, pero ya hay mucha gente trabajando. Hace 60 años, tal vez sus padres, sus abuelos, se unieron al Ejército Rebelde para luchar contra Batista. Después,se organizaron bajo las órdenes del Comandante Delio Gómez Ochoa en un cuerpo militar más sólido: el IV Frente Simón Bolívar.Por eso vinimos al primer poblado libre del llano, a conmemorar esa fundación, justo el día en que cambió el horario y el sol salió antes.

La prensa tiene asignados los asientos inmediatamente detrás de los fundadores del IV Frente. Conversan y los noto contentos. Uno de ellos trae su sombrero de cowboy. Frente a las hileras de sillas, de pie, los militares. Desde aquí distingo camisas azules, gorras verdes y boinas de varios colores. Me dicen que viene a Mir desde hace tres días para ensayar la ceremonia.

“¡Firmes!”, ordena la voz de mando. Y todos se cuadran. Miradas al frente, en dirección a nosotros, más allá de nosotros. El fusil colgando del cuello. La presidencia se acerca. Se acercan Delio Gómez Ochoa y Delsa Esther “Teté” Puebla Viltre.

Se ha hecho un silencio que impresiona en este pueblo detenido en el tiempo. En el fondo del silencio, juraría que algunos exclaman susurrando “ahí vienen”, emocionados, como cuando los hijos pródigos regresan a casa. Y en medio del silencio Teté, de andar ágil, dice “buenos días” y todos respondemos lo propio.

“¡Presenten, armas!” Los militares agarran el fusil y lo elevan a la altura del pecho.“¡A la bandera, vista izquierda!” Y miran hacia allá, por donde viene la bandera.Tiene un ribete dorado rematando los bordes y un par de borlas. El del sombrero de cowboy saluda, con la mano temblorosa. Es el único civil que lo hace.

Colocada una ofrenda floral frente al monumento de la estrella, el director de la banda militar alza las manos. Todos se quitan el sombrero y los muchachos de la banda empuñan los instrumentos. La tuba sobresale. A un movimiento, tocan el Himno Nacional.

Sobre la línea del tren que atraviesa Mir como una columna vertebral, está la gente del pueblo. Y en los balcones de los edificios y en la segunda planta de la casa donde creció Lidia Doce, la mensajera del Che. Desde aquí, les veo el Himno en los labios.

En el acto político discursan tres generaciones: Melani, la pionera de noveno grado; Dariel, el “Camilito” de duodécimo y Ernesto Santiesteban, el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba en nuestra provincia. Reviven la historia y al final, dan vivas. Los militares están entrenados para lograr la sincronización perfecta. La gente de Mir no ha ensayado. Aun así, fracciones de segundo después de la exclamación monolítica de los militares se escucha la voz de la gente, cada vez más fuerte.

Cuando el acto acaba, Delio y Teté se van a conversar con los hombres que hace 60 años estuvieron bajo sus órdenes. Entre ellos está Rosa, la única mujer de Mir que se unió al pelotón de las marianas. “La más coj…. de todo esto por aquí”, dice ella.

Rosa, que empezó a llorar cuando vio a Teté y la abrazó y le confesó que pensaba que nunca la volvería a ver, tiene 88 años y un bastón centenario, del cual nunca se separa porque perteneció a su abuelo, un mambí de Mala Noche.

Todo eso lo vimos, lo oímos, lo pensamos, cuando estuvimos en Mir durante el acto político y ceremonia militar por el Aniversario 60 de la Fundación del IV Frente Simón Bolívar. Faltaba compartirlo, porque ciertamente la televisión no podía, aunque quisiera, decirlo en dos minutos en la postrimería del noticiero nacional.
 

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Comentarios  

# Claudia 06-11-2018 14:36
Gracias por dejarnos su comentario. Nos alegra que nuestro sitio digital sea también un espacio de reencuentro. Le sugerimos que lea el artículo: La Rosa de Mir. Estamos seguros de que será de su agrado. Saludos.
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# Lisbet 08-11-2018 09:47
Gracias por el Articulo vivi en Mir hasta los doce años y me encanta saber del es un pueblo con historia revolucionaria
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# Lisbet 08-11-2018 10:53
Lei el articulo de lo mejor gracias por saber del pueblo aunque uno este lejos siempre lo recuerda
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# Claudia 09-11-2018 16:42
Lisbeth, recordar es volver a vivir. No deje de leernos, pues próximamente publicaremos otros trabajos sobre Mir, que incluyen materiales audiovisuales. Así, podrá ver a su pueblo natal a todo color. Saludos.
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# #Yude 15-11-2018 14:42
Hermosas palabras. Precisas y que emanan un sentir total de aquellos que dieron todo por la libertad.
Felicidades!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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# Claudia 17-11-2018 10:12
Gracias, Yude. Ese es siempre nuestro propósito: dar voz a los lectores, para quienes trabajamos. Saludos.
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