(Des)espera

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Este trabajo tuvo que esperar porque otros salieran; textos de mayor envergadura, seguro. Se le pasó el turno varias veces, pero no se rindió, la lista de espera se “limpió” después de tantos días de desvelo. Pero el casito no trata precisamente de prioridades informativas, aunque si tocamos las prioridades en esta historia saldrá una lista enorme de gente y manías, de billeteras y billetes de 20 cuc, de sobornos, dejémonos de adornos. Este panorama, cubanísimo y cotidiano, lo sufre el viajero cuando no tiene boletines que le “aseguren” un asiento en Ómnibus Nacionales. Lo sufre, literalmente.
 
Lo dije una vez y lo repito, viajar siempre supone riesgos, riesgos de dormir en una terminal, riesgos de quedarse botado en la carretera en algún lugar llamado Piedrecita, de quedarte sin agua y morirte de la sed, de que tu billetera no aguante más y grite de miedo. Viajar sin pasajes puede convertirse en una total odisea.
 
Cuenta este viajero, que le gusta andar y desandar provincias, ya lo dice la gente: conozca a Cuba primero y el extranjero después (si tiene chance), las historias de horas en terminales, de camiones “cañeros”, de guaguas rotas, de listas milenarias, conversaciones “persuasivas” con choferes. Este periodista ha sido testigo y cómplice. Alguien, en broma, sugirió abrirme un contrato en la Empresa de Ómnibus Nacionales. No sería mala idea. Pero yo escribo y no sé “conducir”.
 
Quién nunca haya experimentado una lista de espera, seguro, segurísimo es un extraterrestre, o nunca viaja. Caballero, es todo una proeza. Empecemos por parte. Lo más simple: legibilidad. Muchos nombres no se entienden, de ahí que los apellidos se cambien, y se crean confusiones al llamar a los viajeros, y bueno, como Rodríguez y González hay en todas partes. Imagínese usted.
 
Pasamos a la forma de llamado. En unas terminales se llama solo el destino, la gente pierde toda su decencia y se exprime en la ventanilla, pero no deja de creer que su nombre, esta vez, sí se mencionará. En otras se llama el destino y por el nombre completo, como debe ser. En algunas, simplemente, no se llama, porque el micrófono está roto. No he de referirme al “color” de voz de sus trabajadores, pero creo deberían hacer un casting. Exigo y sueño mucho, a veces.
 
Está demostrado que una persona atendiendo la lista de espera no es suficiente. Hay días, y lo he vivido, en que la misma gente que anota, es la que te llama y te vende el deseado pasaje. Vienen luego, atrasos en el horario de los ómnibus y se demora, en exceso, el servicio.
 
Acudo ahora a los casos vía-jefe de turno. Sabrá a lo que me refiero, ¿no? A la hora del llamado aparecen cartas de ministerios, enfermedades graves, trabajadores del sector, aparecen, sobre todo, billeteras gordas. Mucha gente lo hace, y lo hace porque tiene una necesidad; otras, con la cara dura, se inventan las historias, y uno llega hasta creerlo. Pero más rápido se coge un mentiroso… No es justo que personas que lleven horas, días esperando su turno, le “arrebaten” el boleto. Más respeto, más conciencia, más transparencia.
 
Meses en los que se torna imposible viajar por este mecansimo de (des)orden: abril, julio, agosto y diciembre. Día malo: domingo. Consejillo que le doy. Pero esto no es de cumplimiento obligado. La lista de espera es más una cuestión de suerte y fe, y de la buena, una gran travesía, un rompecabezas, una canción de rock metal interminable ¡Solo pido que pase un extra!
Jorge Suñol Robles
Author: Jorge Suñol Robles
Periodista, hasta cuando duermo. Escribo porque las palabras pueden construir caminos y describir realidades, pueden cambiar el mundo. Melómano excesivo. Cubano, de pies a cabeza.
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Comentarios  

# dixan 19-09-2018 10:23
Aunque resido hace muchos años 17 en la capital, no dejo de leer mi periódico ahora porque es de mi pueblo y aunque me encuentre aquí sigo siendo completo de allá.
Jorge, excelente tu artículo, me permitiré soñar y exigir junto a ti en algunos otros aspectos: el periódico local es el órgano del comité del pcc en cada territorio y justamente creo que las soluciones o los intentos de soluciones a esta problemática que abarca muchas aristas, unas solubles y otras no, al menos en este momento, debiera estar unida a la labor de cada periodista, si yo fuera un cuadro o dirigente partidista que atendiese una actividad especifica en una provincia, creo que lo primero que iba a exigir era que siempre estuviera junto así un periodista, uno que no solo actúe como simple secretario(a) sino que me contribuya en dónde mejor poner mis esfuerzos e incluso a hacer un catálogo de posibles soluciones y atención de los problemas que más nos aquejan, creo en el periodismo transparente y sano en defensa de una sociedad con derechos y deberes, si y sigo creyendo que el enorme banco de problemas que pueda tener una provincia, municipio o sociedad en fin, en un sistema como el nuestro, puede quedarse temblando si es correctamente interpretado y atendido, ojo se que no hay soluciones para muchas cosas, pero sí se que se le presta demasiada atención a los problemas que no tienen solución o los que la tienen no le damos la más adecuada.
Sin hipercrítica, solo la saludable y constructiva, creo y seguiré creyendo que podemos hacer más, que sí se puede más.

Mis saludos.
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# Jorge 19-09-2018 16:37
Hola dixan, gracias por escribirnos. Muy bueno su comentario y sobre todo, muy justo. El periódico ¡ahora! cada día se traza nuevos caminos para contar un periodismo más cercano a la realidad, se pleantea nuevas metas, nuevos proyectos. Pero creo que los periodistas no somos los decisores de las soluciones. Nuestra misión es informar, es denunciar cuando hay que hacerlo, es buscar historias conmovedoras. Este tema, como usted ha dicho, tiene mucha tela. Gracias otra vez por su cometario. Saludos.
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