Prevención frente a las hepatitis

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hepatitis b

Las hepatitis siguen presente en el escenario sanitario holguinero, aunque no siempre se manifiesta de forma evidente. Sus síntomas iniciales (cansancio, fiebre, malestar general y pérdida del apetito) pueden confundirse con otras afecciones comunes, lo que retrasa la percepción de la enfermedad y la búsqueda de atención médica oportuna.

En la práctica clínica, muchos pacientes son atendidos como casos sospechosos, mientras la confirmación del tipo específico depende de pruebas diagnósticas que no siempre están disponibles de inmediato. Esta situación influye en el registro preciso de los casos y dificulta una caracterización exacta del comportamiento epidemiológico en el territorio.

Entre las hepatitis virales más conocidas se encuentran la A, B y C. La A, trasmitida principalmente por agua o alimentos contaminados, es la que con mayor frecuencia se está observando en la actualidad, asociada a deficiencias en las condiciones higiénico sanitarias.

Las B y C, por su parte, se vinculan al contacto con sangre u otros fluidos corporales y pueden evolucionar de forma silenciosa durante largos períodos si no se detectan oportunamente.

La vacunación constituye otra herramienta clave en la prevención de la hepatitis, especialmente frente a los tipos A y B, para los cuales existen inmunizaciones seguras y efectivas.

Mantener al día los esquemas de vacunación, sobre todo en la infancia y en trabajadores expuestos a riesgos biológicos, reduce significativamente la probabilidad de infección y la aparición de brotes comunitarios. Sin embargo, la percepción de que estas enfermedades están “controladas” puede generar descuidos en la protección, por lo que reforzar la cultura de vacunación sigue siendo una prioridad de Salud Pública.

En los últimos meses también se han identificado cuadros de hepatitis reactiva posterior a arbovirosis, como dengue, zika o chikungunya. Estas enfermedades virales, trasmitidas por mosquitos, generan una respuesta inflamatoria en el organismo que, en algunos pacientes, puede afectar temporalmente al hígado.

Esta reacción ocurre como consecuencia del esfuerzo del cuerpo por combatir la infección y de la liberación de sustancias inflamatorias que alteran momentáneamente la función hepática.

La hepatitis reactiva no se considera una hepatitis viral clásica, pero sí un proceso inflamatorio secundario que puede manifestarse con síntomas similares, como fatiga intensa o malestar abdominal. Generalmente, su evolución es favorable, aunque requiere vigilancia médica para asegurar la recuperación completa.

Los niños, los adultos mayores y las personas que viven con enfermedades crónicas o con sistemas inmunológicos debilitados constituyen los grupos más vulnerables ante las complicaciones asociadas a la hepatitis. En ellos, una infección que podría evolucionar de forma leve en otros pacientes puede prolongarse en el tiempo, generar deshidratación, pérdida significativa de peso o alteraciones hepáticas más marcadas.

Esta realidad exige una vigilancia médica más estrecha y refuerza la importancia de la prevención en hogares, escuelas y centros de cuidado, donde la exposición al riesgo puede ser mayor.

Uno de los principales retos en la atención de la hepatitis, en cualquiera de sus formas, es la detección temprana. Reconocer los síntomas iniciales y acudir rápidamente a los servicios de salud permite un mejor control clínico y evita la progresión hacia formas más severas.

En el caso específico de la hepatitis A, la prevención depende en gran medida de las prácticas cotidianas: hervir el agua destinada al consumo, lavar correctamente frutas y vegetales; cocinar bien los alimentos y mantener una adecuada higiene de manos antes de comer o manipular comida son acciones esenciales. Evitar el consumo de agua no tratada y de alimentos expuestos sin protección, también, reduce significativamente el riesgo de contagio.

Las hepatitis no siempre se presentan de manera visible ni genera alarmas inmediatas. Sin embargo, su presencia sostenida exige información responsable, prevención constante y vigilancia desde la comunidad y las instituciones sanitarias para proteger la salud de la población.


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