Un italiano y otros médicos en el Holguín del siglo XIX
- Por María Julia Guerra
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El 13 de agosto de 1787 el Licenciado Joseph Quitari, natural de Roma, Italia, presentó al Cabildo su documentación para ejercer como Cirujano, tener Botica en su casa y despachar en ella. Según el acta, éste era alto, trigueño y delgado.
“Se le había autorizado para ejercer como médico el 23 de marzo de 1787 por el `Protomedicato´ previo examen verificado ante el doctor Julián Recio y Oquendo, en su carácter de Presidente del Tribunal Protomédico y Decano que era de la Pontificia Regia Universidad del Máximo Doctor San Gerónimo de La Habana, y por el Doctor Nicolás del Valle, examinadores de Médicos, Cirujanos, Boticarios, Sangradores, Hernitar, Algebristas, Oculistas, Destiladores y todo lo comprendido en la Facultad de Medicina; aceptándolo el Cabildo por tal médico y autorizándolo para ejercer en ejercer en Holguín su profesión de Cirujano y para que persiga a los curanderos.
La historia de la medicina, entiéndase científica, en Holguín comenzó casi con la declaración de Ciudad ya que hasta esa fecha: 19 de enero de 1752, la población era atendida por curanderos y curanderas. Así vemos que el 18 de febrero de 1754 el Cabildo holguinero aceptó que ejerciera como médico de la ciudad el flamenco Felipe de Monte y Malta.
Antes del año este médico abandonó estos lares “porque lo holguineros estaban acostumbrados a medicarse y ponerse en manos de los curanderos”, además no pudo aclimatarse.
Desconocemos las razones por la cual el también español Licenciado en Medicina José Antonio Ochoa Aizpurúa y Segura, quien llegó a Holguín en 1750 y se casó el 4 de febrero de 1751 con la holguinera Rosalía de Ávila y González de Rivera, no fue hasta 1755 que presentó al Cabildo la solicitud para ejercer como médico.
Añádase que el Cabildo tardó dos años antes de darle su autorización. Así comenzó a ejercer en 1757. Este médico es el tronco de la familia Ochoa en Holguín. Falleció en esta ciudad el 22 de enero de 1800.
Luego vendrían otros. En 1796, el francés José Soler solicita al Cabildo autorización para ejercer como médico, Y, dos años más tarde (1798) lo hace el catalán Martín Castañer.
No sabemos qué tiempo permanecieron estos galenos en la ciudad, pero García Castañeda refiere que finalizando el siglo, en 1799, el Cabildo acuerda nombrar como médico, por un año, a don Gabriel González, por ser un sujeto bastante capacitado en la medicina, comprobado con los enfermos que ha asistido (García Castañeda. 214).
Pero, no fue él solo quien ejerció la medicina sin ser médico. Albanés dice que por aquel tiempo gozaba de mucha estimación como médico y boticario don Pedro Domingo Mederos, quien trataba a sus pacientes a base de raíces y vegetales.