Consenso en torno a la Revolución Cubana

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constitucion quevedo 1Edilberto Quevedo fue vocal en una mesa electoral en 1976
 
Son misterios los mecanismos que enlazan los acontecimientos en la vida de una persona y la colocan en el lugar y el momento precisos para convertirse en testigo de acontecimientos históricos.

Frank Abel, por ejemplo, no debía llamarse Frank Abel. Había nacido el 22 de junio de 1949, por tanto, según el calendario santoral y la costumbre, le correspondía llamarse Fracmasio.

“Cuando aquello, las mujeres llamaban una comadrona y parían en la casa, pero mi madre tenía dificultades y estaban en riesgo su vida y la mía. Entonces, dicen que mi tío salió corriendo, bajo un aguacero terrible, para la casa de socorro y cuando llegaba con la ambulancia… nací yo”.

Agradecidos por la gestión de la ambulancia bajo el aguacero terrible, le concedieron la oportunidad de elegir el nombre y el tío, por supuesto, eliminó de inmediato la opción de Fracmasio.

La familia vivía por aquel entonces en las tierras propiedad de Guarro Ochoa, el alcalde de la ciudad. El padre era su empleado y a una orden suya, desmontó la casita que entre él y su mujer habían levantado con mil trabajos en Pueblo Nuevo, la subió a una carreta y la trasladó para allá.

“Solo había cuatro casas y un trillo largo que bajaba desde la carretera central. Debe haber sido en el ‘50 o el ‘51 cuando ‘Guarro’ Ochoa empezó a hacer la actual calle ‘10 de octubre’, que por costumbre la gente continúa llamando ‘calle Guarro’. No saben que ese hombre era un politiquero, un bandido que robaba el erario público, el sueldo de los trabajadores...”

La Revolución que triunfó en enero de 1959 fue algo nuevo y hasta desconcertante para la familia. “Porque… ¿qué era un pobre antes? Una basura. Un pobre era una basura”.

A los 11 años, en medio de aquella efervescencia, Frank Abel hizo dos hallazgos importantes. Primero, descubrió que hasta entonces, cual Sombrero Loco en el País de las Maravillas, había celebrado felices “no cumpleaños”, pues sus padres lo habían inscrito varios meses después del nacimiento y trocaron la fecha. Era común en la época. Y segundo, descubrió que comenzaba a sentir como “un hombrón”, por eso se incorporó al primer ejército de su vida: el de alfabetizadores.

constitucion quevedo 2Quevedo participó en la Campaña de Alfabetización
 
“En el año ‘61 mi hermana Ramona y yo nos fuimos para las Brigadas Conrado Benítez. Yo le firmé la planilla a ella, como consentimiento de nuestros padres, y ella me firmó la planilla a mí.

“Nos pasamos una semana en Varadero, donde nos capacitaron y tuvimos la oportunidad de hablar con el padre de Conrado Benítez. Nos dieron la cartilla, el manual, el uniforme. A mí me dieron unos zapatones grandes… Imagínate, ¡¿cuál podía ser el número de un muchachito?!

Lo ubicaron en La Cuaba, en la casa de María Torres -quien, después de escalar el árbol genealógico, resultó ser hasta familia- y el niño que comenzaba a sentirse “un hombrón” enseñó al esposo y al hermano de la señora el arte de leer y escribir.Se probaba a sí mismo que los pobres no eran “basura”. Los pobres sí valían, y mucho.

Después, terminó la primaria y la secundaria en uno de los cuarteles convertidos en escuelas por la Revolución. El Regimiento No.7 “Calixto García” en el centro escolar Oscar Lucero.

“Todos los muchachos de Holguín asistíamos a esa escuela. Yo iba a estudiar medicina pero, cuando estábamos terminando, Almeida hizo un llamado a los jóvenes para incorporarse a las fuerzas armadas. Yo era militante de la Juventud, y me dije… yo quiero ser médico, pero lo que le hace falta a la Revolución, es que sea oficial. Así que me fui para la Escuela de Cadetes, en septiembre del ‘67”.

Allí estudió durante tres años. Caminó durante cuatro días desde Santiago de Cuba hasta la Sierra Maestra, cargadito con la mochila y el fusil. En dos meses subió los “Cinco Picos”. Regresó de la Sierra Maestra a Santiago de Cuba, otra vez a pie. Durante tres meses estuvo en Camagüey, para cortar 200 arrobas de caña diarias. Finalmente se graduó de subteniente y, aunque en verdad quería incorporarse a las tropas especiales, lo designaron para el Minfar.

constitucion quevedo 3Ante el llamado del Comandante Juan Almeida, se decidió por la vida militar
 
En 1975 Cuba estaba lista para asumir una nueva Carta Magna. Se conformó la comisión redactora, presidida por Blas Roca Calderío, y se sometió al debate público. El 15 de febrero del año siguiente, el Primer Teniente Frank Abel, de 26 años, amanecería en la mesa electoral colocada en la entrada del Ministerio que da a la calle Territorial.

“Yo había sido delegado al segundo Congreso de la Juventud y en el ’76, era el dirigente de la Juventud en la compañía de autos y ómnibus del Minfar. Entonces se hizo una circunscripción especial para los soldados del batallón de seguridad y los oficiales de guardia y me designaron como vocal de aquella mesa electoral.

“Como a la 10 de la mañana, llegó una comisión que estaba haciendo un recorrido. Entre ellos estaba Blas Roca…”
Blas Roca, el dirigente que organizó a los obreros de Manzanillo en la lucha contra Gerardo Machado. El secretario general del Partido Comunista de Cuba desde 1934. El delegado a la Asamblea Constituyente de 1940. El que dirigió, desde el Secretariado de las Comisiones Jurídicas, el reordenamiento de la legislación judicial para adecuarla a la estructura socialista del país después de 1959.
 
 
El presidente de la comisión redactora de la Constitución por cuya legitimación velaba Frank Abel en aquella mesa electoral.
Se interesó por el total de personas que debían votar, por las que a esa hora habían acudido ya a las urnas, por la manera en que marchaba aquel proceso tan importante para el destino de la nación…“Blas Roca era una gente excepcional”.

Hasta aquí, se sintetiza la cadena de acontecimientos, azares, reveses y luchas, que colocaron a Frank Abel en el lugar y el momento precisos para aprender lecciones definitivas.

“En el ‘76 había más unidad de criterio porque no había el nivel de cultura de hoy, cuando se ha modificado prácticamente la Constitución a raíz del proceso de discusión donde participó todo el pueblo. ¡Eso es democracia!...

“Muchos pueden estar en desacuerdo con varios artículos, pero hay que ver la Constitución en su esencia, en su totalidad. Un punto no la define.

“Falsa unanimidad no, consenso sí. En un campamento militar si el jefe da una orden, aunque cueste la vida, hay que obedecer, pero como le dijo Martí a Máximo Gómez: Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento…”
 
 

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