Esperanza de todos

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doctora angiologia 1Fotos: Elder Leyva
 
Esta es una entrevista sui géneris. De la protagonista supimos tanto o más por otras personas que por ella. Mientras la aguardábamos, sus pacientes sin conocer ni sospechar que servían para “armar” la historia no contada de esta extraordinaria mujer, incapaz de hablar de sí misma, aunque su profesionalidad rebase fronteras.

Así supimos que todos los miércoles alrededor de las 7:30 de la mañana llega invariablemente a la Consulta No. 20 del Hospital Clínico Quirúrgico Lucía Íñiguez y no se va hasta ver el último paciente, citado o no.

De cómo la China, encargada de hacer pasar a quienes la esperan, sabe que la prioridad es para los niños, embarazadas, los de más lejos y de mayor apremio de ser atendidos por el problema que los aqueja.

Conocimos de la profesora holguinera, que en el 2011 llegó con una trombosis venosa profunda sin remisión y solo pidió hablar con la doctora y desde entonces se le ve llegar desde el reparto Vista Alegre casi todos los miércoles, para “traerle almuerzo a ella y los que ese día están en consulta, porque la doctora no se levanta de ahí hasta bien tarde y ya no está para esos maltratos con el estómago y su cuerpo”.

Revelaron de sus cualidades humanas y revolucionarias, de la mujer fidelista hasta las últimas consecuencias; de la confidente, de la profesora empecinada en enseñar a sus alumnos y colegas de todo su saber, para que aprendan bien y puedan abrirse paso en la vida.
 
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La llegaron hasta nombrar Enciclopedia y Profesora de profesores y no dudaron en desearle mucha salud para que siempre pueda estar allí al alcance de ellos.

Para Consuelo, a quien brinda la mano y conocimientos desde Kindergarten- como se oyera asegurar agradecida a la enfermera- ella es su madre y la ha visto protagonizar tantos actos de humildad, desinterés y consagración que hablan por sí solos de la nobleza de la doctora.

Mucho más se puede escuchar de la doctora Esperanza Tamayo Montero, para todos Esperancita, mientras se espera ante la consulta de Angiología, especialidad a la cual le ha consagrado 50 años de su vida, para así ser de las pocas profesionales en activo de la graduación de médicos integrantes del curso fundador del Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas "Victoria de Girón" (ICBP), de la Habana.

Ella formó parte del grupo de jóvenes que iniciaron su formación el 17 de octubre de 1962 en el acto inaugural del centro, presidido por el Comandante en Jefe Fidel Castro y terminaran los estudios el 10 de enero de 1969, con la graduación posterior a cumplir días de trabajo voluntario en el Plan Plátano de Artemisa, donde también asistiera el Líder de la Revolución, como les prometiera desde un inicio.

Ya dentro de la consulta de la doctora tras más de dos horas de espera reparo en una mujer de carácter jovial, con una alegría contagiosa, de hablar pausado y presumida en su arreglo femenino. Un turbante azul celeste adorna su cabeza y en el cuello una bufanda floreada contrasta con su bata blanca.

En la hoja de cargo suman 40 los pacientes pasadas las tres de la tarde, entre reevaluados, curaciones y tratamientos y todavía afuera aguardan otros en amena charla, seguros de que Esperancita los recibirá con la misma afabilidad de siempre.

Se sorprende al presentarnos. Habíamos hecho la cola y parecía que requería de sus servicios. Nada de grabadora, ni tomar notas, nos advirtió. Reto duro, porque no es fácil llevarse tantos detalles en mente.“No, noooo, si no he hecho nada extraordinario.
 
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Solo trabajar como se debe. Yo soy hija de Fidel Castro. Bueno, así nos dijeron a los que respondimos al llamado del Comandante de estudiar Medicina, cuando el país casi se quedó sin médicos y hubo que preparar de prisa a muchos para atender al pueblo.

“A ese primer grupo nos decían los hijos de Fidel, y como tal no puedo cansarme”, afirma y reparo en sus ojos húmedos.

Entonces recuerda casi en murmullo que nació en Manzanillo junto a otros cinco hermanos y fue ella sola la que estudió Medicina, aunque su padre obrero siempre quiso que todos se hicieran doctores. “Me fui para La Habana a estudiar la carrera en 1962. Había terminado el preuniversitario, pero en ese grupo había jóvenes que primero tuvieron que pasar un curso de nivelación para empezar, otros eran maestros y de muchas otras esferas. Éramos unos 500 entre mujeres y hombres de casi todo el país”.

Se traslada en sus remembranzas hacia los intensos seis años vividos en la capital del país como estudiante y alumna ayudante de los muchachos que tras el curso de ellos comenzaron a entrar y la dejo revivir emociones. “Fidel nos iba a visitar a cualquier hora y día. Algunos sábados y domingos nos acompañaba a los trabajos productivos, unas veces a sembrar pino otras era pangola y caña santa.

“Nos prometió que iba a estar en nuestra graduación y nos regalaría una pluma o lapicero. Llega la fecha tan esperada y nos llevan un lunes para una finca en Artemisa para realizar trabajo voluntario por varios días previo al acto. El viernes nos dicen que será la actividad, pero el Comandante nada, no aparecía y casi al mediodía cuando regresábamos del campo comenzamos a ver muchos carros a lo lejos; imagínate tú la algarabía, él estaba ahí. Había cumplido su palabra. Eso fue allí mismo en enero de 1969”.

A partir de ahí comenzó su andar en las Ciencias Médicas y llegó la pasión por la Angiología y Cirugía Vascular con su ubicación en el hospital general Vladimir Ilich Lenin, donde realizaría el internado vertical bajo la pupila del profesor Luis Fernández de la Vara (f), para quien tiene miles de palabras de elogio y el deseo de que descanse en paz.

“El Hospital Lenin fue siempre mi refugio, aunque prestara servicios por un tiempo en Las Tunas y después en Gibara y tuviera cargo en la dirección provincial del Sindicato de la Salud en Holguín. Acá, en el Clínico estoy desde el traslado del servicio hacia este centro, donde paso visita a mis pacientes todos los días y doy consultas los miércoles hasta que haya público y los viernes estoy en la clínica del Ministerio del Interior, donde hago algunas operaciones”.

La nostalgia la invade cuando recuerda sus largas e intensas jornadas en la Unidad Quirúrgica del Hospital Lenin hasta hace muy poco. “Vivía en los salones. Mi hija me esperaba dormidita en algún lugar del hospital o jugando con una pizarrita, quizás por eso se hizo enfermera”.

Esperancita vino por dos años a Holguín, pero aquí se casó y formó una familia. Ahora vive con sus dos nietos, que son su adoración, según confiesa como abuela amorosa. El tiempo pasó veloz y ya lleva medio siglo abrazada a su pasión: “mis pacientes”, como los llama con la mayor humildad del mundo, porque el sentirse querida por el pueblo es mejor reconocimiento recibido a lo largo de su ejercicio profesional.

Por estos días cuando acaba de regresar de La Habana, donde se reunió con colegas de la graduación Aniversario 50 como parte de las actividades de homenaje por la fecha, asegura sentirse más comprometida con la Revolución y firme en el propósito de seguir activa en consulta, porque para ella no hay jubilación y mucho menos retiro, porque como le dijeran en la Capital, ella sigue en “talla”.
 
 

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Comentarios  

# leslye 31-01-2019 16:44
Esas es mi abuela o Tata, como le decimos cariñosamente, la persona que me ha inculcado todos los valores que tengo y a quien le agradezco por ser hoy la profesional que soy. Te amo abu
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# #Lourdes 31-01-2019 22:38
Hola, leslye, ella, tu abue, habló de ti con orgullo y mucho amor, como solo saben hacerlo las abuelas.Dijo que eres Licenciada en Derecho. y que tu hermano, de 12 años, a quien lo llama Che, porque le gusta coleccionar fotos del Guerrillero Heróico, es su otro amor. Q piensa que él estudie Medicina. Ella es un amor de persona. Felicidades por ter esa bella abuela llamada Esperancita.
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# Guest 03-02-2019 07:40
Muy merecido ese reconocimiento para Espe , persona muy especial, competente, siempre trabajando, dispuesta a atender a todo el q la solicite, cariñosa!! Felicidades
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