Hilda Torres: la historia detrás del nombre

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Fotos: Cortesía de Rosario Torres BacallaoHilda Torres Bacallao. Fotos: Cortesía de Rosario Torres Bacallao
 
Ya es de noche cuando el jeep se detiene finalmente a la entrada de la Base Naval de Guantánamo. A bordo vienen dos mujeres y un hombre que visten el uniforme verde olivo de las tropas de Fidel Castro.
 
Viene también, sentada apenas sobre un colchón en la parte trasera del jeep, una joven muy joven, casi una niña. Y sangra.
Los rebeldes hablan con la guardia: piden que sea atendida en el hospital de la Base. Luego, sin dar más explicaciones, se marchan.
 

hilda torres FOTO 2Rosario de los Ángeles (la más alta) frente a su casa.
 
En la ciudad de Holguín, en la calle Narciso López, entre Coliseo y el río Marañón, en una casa con techo de guano y número 283, vivía junto a su familia Rosario Torres Bacallao.

“Mi papá José era, como se dice ahora, cuentapropista. Muy humilde, pero siempre de traje. Mi mamá, Angelina, era ama de casa y tenía una matemática y una letra muy buenas, porque además, había estudiado teneduría de libros”, recuerda.

“Georgia y yo siempre andábamos con nuestra hermana mayor para arriba y para abajo, en guinchete, como se decía en la época. Era ella quien nos llevaba a la escuela y todas las noches a ver televisión, por dos centavos, a casa de Emma. Hasta dormíamos juntas”.
 

hilda torres FOTO 3Documento que identifica a Francisco de la Torre, el abuelo de Hilda, como pensionado del Ejército Libertador.
 
El almirante Fenno concede la autorización para que la muchacha sea atendida en el Hospital Naval de la Base.
Dada la gravedad de su estado, los doctores Pearl Durden y Curtis deciden intervenir quirúrgicamente. Piden con urgencia donaciones de sangre y varios trabajadores de la base se personan en el hospital.

Pese a los esfuerzos, la joven se encuentra en estado comatoso. No ha recuperado la conciencia.

hilda torres FOTO 4Fragmento del calendario donde aparece consignado el santo del día en que nació Hilda Torres, conservado por su madre Angelina Bacallao.
 
“Mi hermana mayor nació el 18 de noviembre de 1942, por eso le pusieron Hilda. Siempre estaba escuchando música. Le gustaba bailar. Casi todos los días iba al cine. La playa le encantaba. Y vivía en casa de abuelo Paco, que había sido mambí”, dice Rosario.

“El 24 de diciembre del ’57, mi mamá estaba en la casa, recién parida. Cuando vio que era varón, Hilda insistió en llamarlo Fidel. Todo el mundo dijo que era una locura y se armó una discusión muy grande, pero ella la ganó y para mantener las apariencias, sugirió decirle ̒Chiquiʼ.

“Ahí fue cuando mis padres empezaron a sospechar y le registraron el cuarto. Detrás del armario encontraron muchos bonos del Movimiento 26 de Julio, papeles en clave, muchas proclamas de ¡Abajo, Batista!... Dice mi mamá que tenía más de 10 botellas Molotov preparadas, que si llegan a registrar hubieran matado a medio mundo.

“Entonces le botaron todo para el río y le prohibieron salir de la casa. Ella estuvo sin hablarles como 15 días, porque aquello, dijo, costaba dinero. Hasta que, como de costumbre, fue a Guardalavaca con el hermano mayor. Allí le advirtieron. Estaba ʻquemada̕ y el movimiento le ordenó salir de la ciudad”.
 

hilda torres FOTO 5Hilda Torres (primera de izquierda a derecha) en playa Guardalavaca, junto a familiares y amigos.
 
Mabel Warneck Heimer es la enfermera de guardia esta noche y la única persona en la sala que habla español.
Cerca de las 12 de la madrugada la joven se despierta. Apenas puede hablar, pero las fuerzas le alcanzan para decir que se llama Hilda Torres, que tiene 16 años y hace casi tres meses se fue de su casa.

Que se unió a la columna Mariana Grajales y el sábado, 6 de diciembre, como a las dos y media de la tarde, estaba limpiando su rifle y se le escapó un tiro.

Que sus compañeros enseguida decidieron traerla, pero el campamento está muy lejos y el camino es escabroso. Tuvieron que avanzar muy despacio. Por eso demoraron tanto.
 

hilda torres FOTO 6.Carta de despedida de Hilda Torres.
 
Mamy y papi yo me voy para la Habana, yo pertenezco al 26 de julio y tengo que cumplir una misión (…) quizás venga pronto, pero quizás sí me tarde algunos días, un mes (…) No se preocupen por mí, yo se cuidarme. Me despido hasta luego, Hilda.(1)

“La carta estaba en la tercera gaveta de un armarito. Mi mamá empezó a llorar”, recuerda Charo.
“Ese día era sábado, 13 de septiembre de 1958. Hilda dijo que nos iba a llevar a casa de mis abuelos. Mi papá no estaba en ese momento y mi mamá confió. Nos dejó cerca, ‘yo las vengo a buscar después’ y siguió”.
Andaba con una carterita. Sus hermanas pequeñas fueron las últimas de la familia en verla. Georgia tenía diez años, Rosario, ocho, e Hilda quince.
 
hilda torres FOTO 7Última foto de Hilda, a los 15 años.
 
Los desesperados esfuerzos de los doctores Pearl y Curtis han sido en vano. Mabel lo sabe y no se aparta de esta niña, de quien apenas conoce el nombre y su última casa, que fue la Sierra. Esta niña, con el páncreas destrozado por culpa de un proyectil.

De repente, despierta. Pide un poco de agua y le pregunta si tiene la presión normal. Mabel le dice que sí, aunque su expresión compasiva, tal vez, dice lo contrario.

Hilda ya no tiene presión. No puede ver cómo amanece el 8 de diciembre de 1958. Todos lo sienten, sobre todo, la madre de Mabel.
 
hilda torres FOTO 8Marina de la Cotera, viuda de Heimer.
 
“Cuando triunfa la Revolución, fue un alboroto gigante. Empezaron a llegar muchos rebeldes. Y nosotras contentas porque Hilda venía, Hilda, venía. Pero Hilda no llegó.

“Mi papá se volvió loco. Entre enero y febrero del ’59 tocó todas las puertas: de los rebeldes, de la policía revolucionaria, de los medios de comunicación, de los radioaficionados.

Eddy Suñol fue a mi casa. Me acuerdo porque los muchachos siempre estábamos metidos oyéndolo todo. Pero Hilda no llegó”.
 

hilda torresFOTO 9Sección de la revista Bohemia donde se publica lo acontecido a Hilda Torres.
 
El Comandante Taliaferro localiza a todos los empleados del hospital de apellido Torres. Ninguno conoce a Hilda.
La viuda de Heimer se dirige al capitán Newton para que, en lugar de enviar al cadáver a Caimanera, donde puede provocar un enfrentamiento entre el pueblo y los soldados del ejército de Batista, sea entregado a sus compañeros rebeldes. El capitán accede.

En una cajita blanca con un hermoso crucifijo, que donó alguna persona piadosa, vestido con su uniforme verde olivo, reposa el cuerpo de Hilda. Redactan el acta de defunción, levantan la tapa para ver su rostro por última vez y se la llevan, en el mismo jeep que la trajeron, hacia un lugar desconocido.

“¡En esos momentos, Hilda no tenía junto a ella más madre que yo! ¡Cuán dulce se veía! ¡Parecía que dormía!”, piensa la viuda de Heimer. (2)
 
“El 15 de febrero, justamente el día del cumpleaños de Georgia, llega el telegrama con la muerte de Hilda. Lo enviaban desde la Base Naval de Guantánamo”, dice Rosario.

En la máquina de Mario del Valle, un vecino “sacamuelas”, va la familia hacia Guantánamo. Llegan a un camposanto rebelde y se dirigen a la única tumba que tiene una cruz. La madre identifica el cadáver, porque el padre no puede.

El padre, sin embargo, habla con los doctores Pearl y Curtis. La entrada del tiro fue por la espalda, le explican. Pero eso ya no importa. Por aquel entonces, en la Sierra los proyectiles volaban como los pájaros silvestres. Hilda lo sabía. Pero era valiente, desprendida y a fin de cuentas, decía Martí, “el que sabe desdeñar la vida, sabrá siempre honrarla”.
 
Notas

Se respetó la ortografía original de la carta escrita por Hilda Torres.
El relato de lo acontecido en la Base Naval de Guantánamo, así como esta cita, provienen de la carta que envió Marina de la Cotera, viuda de Heimer, al periódico Sierra Maestra, en febrero de 1959.

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Comentarios  

# Alicia 13-12-2018 14:03
Hermoso articulo.Soy holguinera y siempre he escuchado el nombre de Hilda Torres, la escuela, el reparto que lleva su nombre pero sabia su verdadera historia.Me ha conmovido.Tan joven y perder la vida de esa manera.Gracias, me encantó.
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# claudia 16-12-2018 09:29
Alicia, gracias por dejarnos su comentario. Hilda (y otros nombres) ya forma parte de la cotidianidad holguinera, tal vez por eso su historia se nos escapa, como cuando nos esconden algo a simple vista... Si a usted le conmovió la historia, nuestro trabajo está hecho. Saludos.
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# Jose Alejandro Leon Salvador 30-12-2018 22:24
Hace unos minutos hable con Rosario Torres y somos amigos desde hace muchos años y siempre vi en la sala de su casa la carta de despedida de Hilda aunque no la conoci siempre la admire.Gloria eterna para ella.
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# YordanPrats 02-01-2019 16:19
Al ver este artículo me intereso y quise leerlo pues viví cuando era pequeño en el reparto que lleva su nombre y jamás había sabido de su historia. Gracias por tan bello artículo espero y se hagan más acerca de las otras personalidades de nuestra provincia la cual muchos de nuestros barrios llevan sus nombre y muchos de nosotros no sabemos de ellos.
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# Claudia 08-01-2019 15:44
Yordan, válido su anhelo. Y justo. Saludos.
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# Yamilé Torres 21-01-2019 12:42
Feliz de ver a mi tia-abuela (Hilda Torres) (Foto que también conservamos en casa) y a mi tatarabuelo mambí, como mi papá siempre me decia, dónde cada dia le pedía bendiciones. Muy emocionada por tan hermoso escrito con una historia que todos debieran conocer y de tanta valentía,, agradezco a mi tia abuela Rosario Torres (Charo) por haber colaborado y hacer extensivos sus recuerdos y a Claudia por hacerlo realidad.
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